Gonzalo sintió que las palabras de Karina le apretaban el pecho, tanto que ya no pudo seguir fingiendo esa fachada de caballero que siempre llevaba.
—¡Karina! —gritó, fuera de sí—. ¡Fátima es tu hermana, aunque sea solo de padre!
—Si algún día yo o tu madre faltamos, ¡ella sería la única familia que te queda en este mundo! ¿No puedes dejar de lado tus prejuicios y ayudarla?
Karina no podía creer lo que estaba escuchando.
—¿Hermana? —soltó una risa cortante—. ¿Después de que te casaste con mi madre y la engañaste, todavía tienes cara para hablarme de familia?
Alzó la mirada, sus ojos tan profundos y oscuros que parecían un pozo sin fondo.
—Si no me das el cinco por ciento más de las acciones, no pienso meterme en esto.
—¡No seas tan ambiciosa! —Gonzalo le espetó, sin pensar—. ¡Como mucho puedo darte dos por ciento más! Y con lo que te cede el señor Tomás, ya eres la dueña real de Grupo Galaxia, puedes decidir en todo lo importante.
—¿Ah, sí? —Karina arqueó una ceja, sin que su voz mostrara ni un poco de emoción—. Entonces que tu adorada hija bastarda se las arregle sola en Legión Fantasma.
Total, la que estaba apurada no era ella.
Si no quería soltar más acciones pero sí esperaba que ella salvara a su hija, pues ni en sueños. Así no funcionaba la vida.
Dejó de prestarles atención a ambos, bajó la mirada y corrigió los últimos detalles del acuerdo de divorcio.
Cuando terminó, le tomó una foto y se la mandó a su asistente, Hugo.
Enseguida, grabó un mensaje de voz y lo envió:
[Haz dos nuevas versiones del acuerdo y tráelas a Grupo Galaxia para que el señor Gonzalo firme.]
Ya con eso listo, tomó el contrato de cesión de acciones de Tomás.
Le echó un vistazo, no vio nada extraño y firmó su nombre al final.
Luego, empujó los dos documentos hacia el centro de la mesa, alzó la mirada y encaró a los dos hombres, ambos con la cara tan rígida como una pared.
—Si no hay nada más, señor Tomás, señor Gonzalo, pueden retirarse.
—¡Karina! —Tomás perdió la calma, su ansiedad cada vez más visible al ver la tranquilidad de Karina—. Si Fátima no sale de Legión Fantasma en una pieza, no pienso apoyarte con la legalización de las acciones.
Karina, lejos de molestarse, sonrió.
—No es que yo no quiera ayudar. Es que el señor Gonzalo no muestra interés suficiente.
Señaló la puerta con la barbilla, su voz despreocupada y lejana.


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