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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 307

Señor Boris, Boris Juárez.

Ese mismo hombre que en el mundo empresarial de Villa Quechua podía cambiar el rumbo de todo como si moviera las nubes con la mano; una figura seria, tan reservada y contenida que parecía inalcanzable.

Pero, ¿cómo podía ser posible? Uno era un bombero de temple fuerte, curtido entre llamas y peligro, y el otro, el heredero de una familia poderosa, astuto y sin titubeos en el juego de poder y dinero.

Sus identidades no podían ser más diferentes, como si pertenecieran a mundos opuestos.

¿Cómo iban a ser la misma persona?

Karina sacudió la cabeza, queriendo alejar esa idea absurda, pero su corazón seguía latiendo con fuerza, como si quisiera salirse de su pecho.

Belén parpadeó y dijo con naturalidad:

—No, no es así.

Se encogió de hombros, como si lo que fuera a decir fuera lo más lógico del mundo.

—¿No te lo contó? Antes era parte de las fuerzas especiales.

Karina se quedó boquiabierta.

—¿Fuerzas especiales? ¿De eso se puede sacar tanto dinero?

¿De verdad un ex militar podía comprar, así sin más, dos departamentos en Puerto Escondido, donde cada metro cuadrado vale una fortuna?

—¡Por supuesto! La unidad donde estuvo, era la más élite, la más temida. Solo ellos se atrevían a enfrentar misiones casi suicidas, siempre al filo del desastre. Durante años arriesgó la vida y rompió récords que nadie ha podido igualar, y entre premios y compensaciones, juntó un buen de dinero.

Belén tenía la expresión de quien habla de algo perfectamente normal.

—Después de retirarse, ya no se la juega tanto. Pero aun así, su sueldo y bonos siguen siendo bastante altos.

Todo lo que decía Belén era cierto.

Cada peso que Lázaro gastaba ahora lo había ganado jugándose la vida.

A veces Sebastián le había contado en secreto a Belén que Lázaro mantenía separados sus dos mundos con una disciplina casi obsesiva.

Cada vez que se convertía en el señor Boris, era como si buscara redimirse por sus propios pecados.

Él siempre creyó que la muerte de su hermano era culpa suya.

Por eso, tras dejar el ejército, dedicó la mitad de su vida a cuidar del Grupo Juárez, el negocio que su hermano había construido.

Sin embargo, ni un solo peso de lo que ganaba en el grupo lo usaba para sí mismo; todo lo reinvertía en la empresa o lo donaba bajo el nombre de su hermano a obras de caridad.

Por eso, a pesar de la tragedia familiar, el Grupo Juárez seguía dominando el mercado en Villa Quechua.

De pronto, el pecho se le llenó de tristeza y orgullo, una mezcla que dolía y a la vez la hacía admirarlo aún más.

Ese hombre, que siempre perdía el control cuando la besaba, llevaba encima una historia tan dura y tan llena de gloria.

Belén notó la mirada de Karina, llena de asombro y compasión, y le dio una palmadita en el hombro, tratando de sonar más alegre.

—Pero ahora, que está en la Estación de Bomberos de Puerto Escondido, las cosas son diferentes. Muchos de los que están ahí se formaron bajo su mando. Todos lo respetan mucho, y las misiones ya no son tan extremas.

Le sonrió para tranquilizarla.

—Así que no te preocupes tanto. Ahora puedes estar tranquila y disfrutar la vida a su lado.

Pero esas palabras no lograron consolar a Karina; al contrario, el corazón se le apretó aún más.

De pronto entendió por qué Lázaro nunca le hablaba de su pasado.

Tal vez no quería asustarla con historias tan duras, con recuerdos de tantas veces que estuvo a punto de no regresar.

Pero ella no sentía miedo.

Solo sentía una profunda ternura.

Una ternura tan grande, que le dolía el corazón por él.

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