Entrar Via

Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 306

La espalda de Karina estaba pegada con fuerza al ventanal, y bajo sus pies se desplegaba el impresionante paisaje del río a gran altura, tan majestuoso que le quitaba el aliento.

Los besos de Lázaro se volvieron cada vez más atrevidos, recorriendo sus labios, bajando por su mandíbula y deslizándose por su largo cuello, dejando tras de sí una estela de marcas cálidas y húmedas.

Parecía un animal salvaje, uno que nunca se saciaba, bebiendo de su aliento con una avidez insaciable.

—Vamos al dormitorio —murmuró él de repente, apoyando su frente contra la de ella, su respiración entrecortada y ardiente.

Karina se aferró a él, temblando y con la voz hecha un suspiro.

—No... mejor no, hay gente afuera...

El ceño de Lázaro se arrugó por un instante, pero antes de que pudiera decir algo más, volvió a besarla.

Una de sus manos la sostenía con firmeza, mientras la otra, inquieta, se deslizó bajo su ropa con la destreza de alguien que ya sabía exactamente qué hacer, encontrando su objetivo sin titubeos.

Karina sintió cómo el calor familiar le recorría todo el cuerpo, y hasta lágrimas se asomaron en la comisura de sus ojos, fruto del torbellino de sensaciones.

A duras penas, echó la cabeza hacia atrás, jadeando entre palabras.

—Sí... vamos al dormitorio...

Pero apenas terminó de decirlo, el celular de Lázaro sonó en el momento menos oportuno.

Karina se apuró a abrazarlo más fuerte.

—Contesta, por si acaso es algo urgente.

Lázaro frunció el entrecejo, claramente molesto con la interrupción. Sin embargo, no la soltó; con una mano la sostuvo sin titubear y con la otra sacó el celular del bolsillo.

Karina, casi sin pensarlo, echó un vistazo a la pantalla.

En la pantalla solo aparecía: “3”.

Se le hizo extraño. ¿Por qué Lázaro guardaría a alguien solo con un número?

Antes de que pudiera preguntarse más, él se apartó de repente.

Karina apoyó los pies en el piso, aunque aún sentía las piernas tan flojas que necesitó de su brazo para no caerse.

—Voy a contestar, regreso enseguida.

La voz de Lázaro todavía arrastraba el deseo de hace unos segundos, tan áspera que le hizo vibrar el corazón.

Dicho esto, se dio la vuelta, corrió la cortina y salió del cuarto.

Karina quedó recargada en el ventanal, respirando agitadamente, con las mejillas aún encendidas por el calor de hace un momento.

Al girar la cabeza, la vista del río, inmensa y sin límites, atrapó su atención de inmediato.

Desde no muy lejos, alcanzó a oír la voz de Lázaro, baja y apurada:

—Ya estoy llegando.

...

Y él, sin más, se había comprado dos departamentos enormes, los unió y los remodeló como si nada.

¿De dónde sacaba tanto dinero?

En ese instante, unos trabajadores se acercaron cargando dos macetas con flores y le preguntaron con respeto:

—Señora, ¿quiere que las pongamos en el balcón o en la sala?

Karina respondió casi por inercia:

—Déjenlas primero en el balcón, y si pueden, pongan más plantas en la sala.

Apenas lo dijo, se dio cuenta de que había asumido el papel de dueña de la casa sin pensarlo.

De repente, sintió que tal vez había subestimado mucho la verdadera situación de Lázaro.

Tomó el celular y marcó el número de Belén.

No tardó nada en aparecer Belén, deslizándose sobre su patineta eléctrica, con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Y, qué te pareció? ¿A poco la vista del río no está increíble?

Karina bajó la voz, nerviosa.

—Belén, dime la verdad... tu primo, ¿de verdad solo es bombero?

Pero en cuanto pronunció la pregunta, en su mente apareció otra silueta...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador