Por otro lado, Karina ya había llegado al salón de maquillaje.
Después de todo, se trataba de la fiesta de celebración por el éxito de Vórtice de Sueños, así que no podía presentarse con cualquier facha.
Cuando terminó de arreglarse, se paró frente al espejo, levantó su celular y se tomó una foto.
Sin pensarlo demasiado, le envió la imagen a Lázaro.
[Esta noche voy a una fiesta para celebrar el éxito del proyecto, solo te aviso.]
Apenas mandó el mensaje, se quedó sorprendida consigo misma.
Ni siquiera se había dado cuenta de que, por puro instinto, le estaba avisando a Lázaro sobre sus planes.
Parecía la primera vez que tomaba la iniciativa para decirle a él a dónde iría.
…
Lázaro recibió el mensaje mientras se encontraba en la sala de juntas del último piso de Grupo Juárez.
El ambiente era tan pesado que parecía que el aire se podía cortar con cuchillo. Los altos mandos no se atrevían ni a respirar fuerte.
En cuanto la pantalla de su celular se iluminó, la actitud distante y casi intimidante de Lázaro se suavizó de manera inesperada.
Fijó la mirada en la foto que Karina le había mandado.
Ella vestía un elegante vestido negro, sencillo pero impecable, que resaltaba la silueta de su figura de manera sutil.
Sostenía el celular frente al espejo, su cara radiante. Tal vez por los buenos cuidados de los últimos días, sus mejillas lucían un poco más llenas, dándole un aire de inocencia encantadora.
Su largo cabello negro caía en ondas naturales, medio recogido, con un mechón rebelde que se deslizaba justo sobre su clavícula, enmarcando su belleza.
Simplemente, se veía espectacular.
La mirada de Lázaro se tornó más profunda.
Se dio cuenta de que, cada vez que la veía con ropa distinta, una sensación de novedad lo sacudía por dentro, y ese corazón que solo latía por ella, volvía a acelerarse sin remedio.
No fue sino hasta que Francisco Juárez golpeó la mesa con los nudillos, que Lázaro volvió en sí.
Frunció los labios y, con los dedos largos y firmes, escribió una sola palabra en la pantalla.
[Ok.]
Después de enviar la respuesta, tomó su celular y, bajo la mirada atónita y curiosa de todos los ejecutivos, se levantó de su silla.
—Tengo otro asunto que atender. Sigan con la reunión.
Apenas entró, fue directo a sentarse en una esquina, dispuesta a consultar a Octavio sobre algunos temas técnicos.
Sin embargo, en cuanto se acomodó, varias personas se acercaron con sus copas en mano.
—Señorita Karina, ¡usted nos salvó el pellejo esta vez!
—Así es, sin su propuesta, Vórtice de Sueños no habría llegado tan lejos.
—A su edad y ya con ese talento… ¿qué le espera en el futuro? ¡Su carrera apenas empieza!
—Yo digo que, de ahora en adelante, la industria entera va a tener que contar con usted, señorita Karina.
Karina, rodeada de halagos, solo esbozó una leve sonrisa.
Tomó su vaso de jugo y lo levantó hacia todos.
—Me están dando demasiado crédito. Yo solo aporté una idea.
—El éxito de Vórtice de Sueños es resultado del esfuerzo de todo el equipo, de día y de noche. Por eso, esta copa es para todos.
Dicho esto, bebió un trago con gesto decidido y elegante.
Su actitud era firme y segura, sin señales de arrogancia ni de falsa modestia, sabiendo encontrar el equilibrio perfecto.

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