Tomás ni se imaginaba que Karina ya tenía todo fríamente calculado en su mente.
Ahora que la negociación estaba por cerrarse, ¿a quién le darían el crédito?
Por supuesto, a Tomás, como si fuera un logro de su gestión al frente de Grupo Galaxia.
¿Y por qué Karina habría de trabajar para que otro se colgara la medalla?
Además, en el fondo, ella ya había contactado en privado a la otra parte.
Les contó que el programa de inteligencia artificial que estaba desarrollando era precisamente para operaciones de rescate con drones.
Al terminar el concurso de IA y perfeccionar el sistema, los bomberos podrían usarlo directamente. Incluso les ofreció otorgarles la licencia de Sistema Firmamento sin costo alguno.
Eso sí, de asociarse, nada.
Al menos, por ahora no.
Cuando el próximo año ella estuviera sentada como presidenta de Grupo Galaxia, entonces sí, negociaría el contrato con el gobierno desde esa posición. Así, el mérito sería suyo, completamente.
Tomás ignoraba que Karina ya lo tenía en la mira. Solo sentía un nudo en el pecho, como si el aire le faltara y no pudiera ni subir ni bajar.
Descubrió que hablar con esa mujer era como chocar contra una pared.
Resignado, suavizó el tono y le habló con seriedad.
—Karina, estos años Grupo Galaxia ha ido para abajo. Si seguimos así, en poco tiempo las otras empresas nos van a dejar atrás.
Karina ladeó la boca y dejó ver una sonrisa desdeñosa.
—El presidente de Grupo Galaxia eres tú. Yo solo soy una socia que recibe dividendos. Si puedes conseguir el acuerdo, hazlo tú mismo. No me busques más, tengo cosas más importantes que hacer.
Sin más, se dio la vuelta para marcharse.
—¡Karina! —Tomás le gritó con desesperación.
—¿Esto es porque ayudé a Fátima? ¿Por eso me desprecias tanto y no quieres apoyarme?
Karina se detuvo en seco.
Giró el rostro, y la luz del atardecer le dibujó sombras en el rostro, partiendo la expresión entre claridad y oscuridad. Sus ojos fríos y brillantes hicieron que Tomás sintiera un escalofrío.
—Sí, podríamos decir que sí.
Tomás respiró hondo, conteniendo la frustración.
—Entonces dime, ¿qué necesitas para que aceptes negociar este proyecto?
Karina fingió pensarlo. Inclinó la cabeza, luego sonrió como si hubiera imaginado algo divertido.
—Si me cedes todas tus acciones de Grupo Galaxia, voy.
Tomás la miró como si estuviera ante una loca.
—¿De verdad estás tan obsesionada con el poder?
Karina sonrió aún más, sin responderle, y salió del balcón.
—Eso es asunto mío —replicó Valentín, a punto de colgar.
—¡Espera! —interrumpió Tomás, apurado—. ¿De verdad ya no piensas casarte con Fátima?
Esta vez, Valentín tardó unos segundos en responder.
—Sabes que tengo mis manías.
Tomás explotó.
—¡Eso ya quedó en el pasado! Y tú sigues con tus cosas de antes. Hoy en día, ¿qué mujer llega intacta al matrimonio? Lo que importa es el corazón, la sinceridad.
Valentín frunció el ceño. No pudo evitar pensar que, si Karina no se hubiera casado con ese bombero, ella sí sería pura.
La habría protegido bajo sus alas, sin que nada ni nadie la tocara.
Pero ahora... tampoco era así.
Solo pensar en eso le dolía el pecho, como si le apretaran el corazón con una piedra.
No quiso escuchar más, y colgó.
—Tu... tu... —El tono de ocupado resonó en el auricular.
Tomás miró el celular, soltando un resoplido de desprecio.
—Si no vas a valorar a Fátima, no me culpes cuando actúe yo mismo.

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