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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 518

En la clínica.

El doctor Valdés estaba a punto de salir a comer cuando vio a Bárbara Olmos entrar con el rostro perdido, como si hubiera dejado el alma afuera. De inmediato cerró la puerta y se acercó, preocupado.

—Señorita Bárbara, ¿qué pasó?

Bárbara tenía la cara tan pálida que parecía una hoja de papel, y los labios casi transparentes.

—Doctor Valdés... —le temblaba la voz, apenas podía hablar—. Yo... acabo de escuchar algo terrible.

—Mi novio... él tiene un hermano gemelo.

—En su familia, los gemelos son vistos como una maldición. Dicen que uno de los dos está destinado a... a morir.

—Pero su hermano gemelo sigue vivo... vive tan normal como siempre.

De pronto, Bárbara levantó la mirada. Las lágrimas le brotaron como si no pudiera detenerlas, y el miedo la llenaba entera.

—Doctor, dígame la verdad... ¿de verdad mi novio ya está muerto?

El doctor Valdés la sostuvo por los hombros, intentando transmitirle algo de calma.

—Señorita Bárbara, tranquilícese. Eso que escuchó es solo superstición, no tiene ningún sentido. No hay nada de ciencia detrás de eso.

—Su novio sigue aquí, ¿no es así? Usted misma me ha contado todo lo que han vivido, lo mucho que él la quiere. ¿Cómo va a dejarla así, de la nada?

—Respire hondo, confíe en la ciencia. ¿De acuerdo?

La voz del doctor se volvió más suave, casi como un susurro que parecía hipnotizarla. Poco a poco, Bárbara fue soltando la tensión de su cuerpo.

Desde que, años atrás, Boris Juárez se volvió distante y frío sin motivo, Bárbara había caído en depresión.

Después, al fracasar en su intento de acercarse a él, y siendo enviada fuera del país, su estado empeoró tanto que terminó sufriendo depresión severa.

Aquellos cuatro años fueron la época más oscura de su vida.

Aunque logró superar la depresión, en su mente quedaron secuelas aún más profundas.

Para protegerse, se inventó un sueño perfecto: Boris y ella nunca se habían separado, él solo estaba molesto y algún día regresaría a su lado.

Por eso, cuando Boris le soltó un día que “Boris ya está muerto”, ella se negó a aceptarlo.

No. No podía ser.

Boris no había muerto, solo estaba enojado con ella.

¡Tenía que ser eso! ¡No podía ser de otra manera!

...

Al salir de la clínica, Bárbara se veía tan elegante y compuesta como siempre, como si nada hubiera pasado.

Karina colgó el teléfono sintiendo una ligera culpa.

Siempre rechazando las invitaciones de Bárbara, eso tampoco estaba bien.

Pensó que sería bueno buscarla un día de estos y proponerle algún plan.

Se acomodó en la silla, lista para volver a sus ejercicios de estudio, pero al mirar de reojo el calendario en el escritorio, se quedó congelada.

Ya había pasado medio mes desde el día en que debía ir al asilo a hacer voluntariado.

Entre tantas cosas, lo había dejado pasar.

Rápido, tomó el celular y le escribió a Belén Soler:

[Belén, ¿tienes tiempo este fin de semana? ¿Vamos al asilo? Quiero ver a la abuela.]

Apenas envió el mensaje, Belén le regresó la llamada por voz.

—Kari, estos días ando buscando nuevo trabajo. El fin de semana tengo dos entrevistas, así que no creo poder acompañarte.

—Si vas sola, llévate a dos de las chicas de seguridad, por si acaso.

Karina frunció el entrecejo, confundida.

—¿Estás buscando trabajo? ¿No pensabas poner tu propio negocio?

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