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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 526

Karina negó con la cabeza.

—No, nunca lo he visto.

A decir verdad, después de que terminó el torneo de inteligencia artificial, Octavio le insistió que debía agradecerle personalmente al señor Boris.

Pero también le advirtió que el señor Boris era un hombre sumamente ocupado, que solo se le veía en reuniones importantes o banquetes donde tenía que hacer acto de presencia. El resto del tiempo, casi nunca estaba en la empresa.

Octavio le prometió que la contactaría cuando el señor Boris regresara a Grupo Juárez.

Pero el tiempo pasó y nunca hubo noticias.

Karina dejó esos pensamientos a un lado y añadió:

—Parece que el señor Boris siempre anda muy ocupado.

—Eso sí —Bárbara la miraba fijamente, como si quisiera descubrir algún secreto oculto en su expresión—. Aunque honestamente, nadie sabe en qué se la pasa. ¿Tú tienes idea?

Karina soltó una pequeña sonrisa.

—¿Yo? ¿Cómo crees? Apenas he tenido trato con él. Desde que salió Vórtice de Sueños no he vuelto a Grupo Juárez.

Bárbara también sonrió un poco y dejó de presionarla con preguntas.

Volvió a acomodar su postura y, concentrada, balanceó el palo de golf.

—¡Pum!—

La pelota voló, pero se desvió y terminó en la orilla del green.

Bárbara frunció el ceño, visiblemente molesta.

Un empleado se acercó de inmediato y colocó otra pelota en el tee.

De pronto, Bárbara perdió el interés y les hizo una seña:

—Váyanse ustedes, no se preocupen.

Los empleados, sin atreverse a decir más, dejaron la canasta de pelotas, subieron al carro de golf y se alejaron.

En el inmenso campo verde, solo quedaron ellas dos y, no muy lejos, un par de guardaespaldas.

Karina guardó silencio, se adelantó y realizó un tiro más.

La pelota trazó una curva perfecta en el aire y rodó directo al hoyo.

Bárbara la observó, admirada.

—Vaya, sí que tienes talento para esto.

Karina recogió su palo y se encogió de hombros.

—Es lo único que se me da bien.

—Solo quería asustarlo, pero el señor terminó tan espantado que le dio un infarto y tuvo que ser hospitalizado.

—¿Y sabes qué le hicieron a Boris? Solo lo castigaron dos días sin salir.

—Era un desmadre, no le tenía miedo a nada ni a nadie, pero solo conmigo hizo una promesa.

—Me dijo que, cuando yo cumpliera dieciocho, iría a mi casa a pedir mi mano, que se casaría conmigo y me llevaría con él, como en las historias bonitas.

En los ojos de Bárbara brillaba una tristeza contenida, la voz se le quebraba.

—Pero nunca llegó ese momento. En vez de ver su caravana de boda, un día simplemente desapareció.

—Cuatro años enteros, sin una sola noticia.

—Y cuando volvió… era como si fuera otra persona. Incluso al mirarme, sentía que veía a una desconocida.

Al llegar aquí, los ojos de Bárbara ya estaban enrojecidos. Miró a Karina, buscando una respuesta.

—Karina, ¿por qué crees que alguien puede cambiar tanto de un día para otro?

Karina, al ver sus ojos llenos de lágrimas, se quedó sin palabras, sin saber cómo consolarla.

Titubeando, le preguntó:

—¿No será que… le pasó algo muy fuerte?

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