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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 527

Bárbara negó con la cabeza, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas.

—Ya pregunté, pregunté a todos los que podía—. Su voz se quebraba con cada palabra, la tristeza desbordándose en sus ojos.

—Todos me dijeron lo mismo, que él solo se fue a estudiar al extranjero cuatro años.

—No sé qué le pasó allá, para que regresara tan cambiado... Tan desconocido... Incluso, incluso me dijo...

Bárbara respiró hondo, como si lo que iba a decir le resultara absurdo.

—Me dijo que Boris ya está muerto, que ahora es el señor Boris—. Se le escapó una mueca de incredulidad—. ¿Te parece lógico? Alguien en carne y hueso, parado frente a mí, diciéndome que él ya murió, pero sigue siendo él...

Antes de terminar, las lágrimas de Bárbara por fin se desbordaron.

Karina sintió un nudo en el pecho; rápido, sacó un pañuelo del bolsillo de sus pants y se lo pasó.

—Gracias—. Bárbara tomó el pañuelo y se limpió las lágrimas, bajando la mirada.

La vio directo a los ojos, con una culpa que pesaba—: Karina, perdóname, la verdad te mentí.

—Yo no soy la esposa por compromiso del señor Boris.

—Aquel día, cuando todos ustedes me malinterpretaron, no salí a aclararlo porque... no podía aceptarlo—. Respiró temblorosa—. Lo esperé tantos años... ¿Cómo pudo, cómo pudo casarse con otra a mis espaldas?

Karina le dio unas palmadas suaves en la espalda, su voz era un susurro cálido.

—Bárbara, te entiendo. Yo también sufrí una traición... Esa mezcla de dolor y confusión, la conozco.

—Pero a veces, uno tiene que aprender a soltar. Si te aferras al pasado, la única que sale perdiendo eres tú.

—Mira, hay tantos hombres en el mundo, el bosque es enorme, ¿pa’ qué quieres quedarte atada a un árbol que ya está seco?

—Cortar lo que duele es feo, sí, pero dejar que siga pudriéndose solo te destruye más.

—Créeme, lo que sigue siempre es mejor.

Pero Bárbara negó con la cabeza, una sonrisa amarga asomándose en su cara.

—Karina, yo no soy como tú, no puedo verlo tan fácil...

—Además, en este mundo... nadie será mejor que él.

Karina vio la obstinación en su mirada y todas las palabras de consuelo se le atoraron en la garganta. No supo qué más decir.

Así que, en silencio, volvió a su sitio y tomó de nuevo el taco de billar.

La voz de Bárbara sonó de nuevo:

—Seguro piensas que soy exagerada, ¿no?

Karina se giró enseguida.

—Claro que no.

Pensó un momento y le propuso:

—¿Por qué no lo invitas a salir, Bárbara? Platiquen y déjalo todo claro.

La última vez, en el concurso de inteligencia artificial, si no fuera por su ayuda, no habría llegado a tiempo y todo le habría salido mal.

Tanto en lo profesional como en lo personal, sí tenía que verlo para agradecerle como se debía.

Karina asintió, sin poder evitar sonreír.

—Bueno, lo intentaré luego.

Por fin, Bárbara mostró una sonrisa genuina.

Ambas terminaron de jugar cuando la tarde ya estaba avanzada.

Antes de ir a comer, Bárbara sacó su celular y, con confianza, se acercó a Karina.

—Karina, ¿nos tomamos una foto juntas?

—¡Click!— sonó la cámara, y en la pantalla quedaron dos sonrisas.

Enseguida, Bárbara, como si fueran amigas de toda la vida, le tomó del brazo a Karina y caminaron rumbo al restaurante.

Sin embargo, pronto Bárbara se dio cuenta de algo raro.

Karina, entre la variedad de bebidas, solo eligió un vaso de agua simple, y al pedir, no escogió nada de mariscos y casi no probó la carne.

Bárbara alzó una ceja, sorprendida.

—¿Y eso? ¿Acaso tú y tu esposo ya están buscando bebé?

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