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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 587

Karina negó con la cabeza sin pensarlo demasiado.

Luego, de repente, recordó algo.

—Hoy en la tarde Bárbara vino a la casa un rato.

Mientras trataba de ordenar sus recuerdos, añadió:

—Estuvimos platicando un poco en la sala, no creo que haya entrado a la recámara.

—¿No crees?

La expresión de Lázaro se endureció de inmediato.

Karina se apresuró a aclarar:

—Justo en ese momento te estaba contestando los mensajes, y sí, ella se salió de mi vista por un momento, pero fue rapidísimo. No creo que le diera tiempo de meterse a nuestra recámara.

Karina lo miró con duda y preguntó:

—¿Por qué? ¿Pasó algo en la recámara?

Lázaro tenía una corazonada. Algo no cuadraba.

Esa sensación de peligro, como si alguien los estuviera observando, se le había instalado en el pecho.

Pero al volver a inspeccionar la recámara, esa inquietud desapareció sin dejar rastro, como si solo hubiera sido un mal pensamiento.

No quería asustar a Karina ni hacerla sentir incómoda.

—No es nada.

Su voz volvió a sonar suave y cariñosa. Se levantó.

—Voy a traer una toalla.

En ese mismo instante, bajo el tocador, la diminuta luz roja del micrófono oculto ya se había apagado.

...

En otro lugar, Bárbara se quitó los audífonos con las manos temblorosas, respirando agitadamente.

Nunca se imaginó que Lázaro fuera tan difícil de engañar.

Solo quería asegurarse de que Karina no le mintiera.

Y también, averiguar si ese bombero era Boris Juárez.

Bárbara tardó casi media hora en calmarse antes de atreverse a ponerse de nuevo los audífonos y encender el micrófono.

Pero lo que escuchó esta vez no fue una simple conversación.

Era algo... que le hizo arder las mejillas, mientras sentía cómo el frío le recorría el pecho por dentro.

Se escuchaban los jadeos ahogados de un hombre, mezclados con los suspiros entrecortados de una mujer. El ambiente se llenó de una tensión tan íntima que Bárbara sintió cómo el cuerpo se le ponía tenso.

No supo cuánto tiempo estuvo escuchando esa escena, pero al fin los sonidos se apagaron.

Entonces, la voz del hombre, muy diferente a la de Boris, sonó clara.

En ese tono ronco y bajo se notaba un cariño tan abierto que Bárbara sintió que el piso se le movía.

—Amor, ¿cómo te sentiste esta vez? ¿Te gustó?

Karina respondió, con la voz cargada de sueño y la nariz un poco tapada:

—No me importa que te metas con Karina, pero, ¿por qué tienes que arrastrar al Grupo Juárez en esto?

Sabrina soltó una risa burlona.

—¿Qué pasa? ¿Ahora te preocupa el muchacho? Si ni caso te hace, ¿y tú de todos modos te pones de su lado?

—Si Lázaro es parte de la familia Juárez, no va a quedarse de brazos cruzados si pasa algo con el jefe de la familia. Pronto todo va a salir a la luz.

Bárbara le respondió con frialdad.

—Más te vale que solo me ayudes a encontrar la verdad. Si estás usando esto para sacar ventaja, no te la voy a perdonar.

Sabrina soltó una risita sin tomárselo en serio y colgó la llamada.

Apagó la colilla en el cenicero, luego se levantó y fue hacia el estudio.

Por esos días, Sergio Lucero andaba tan ocupado que llegaba tarde y todavía tenía que seguir trabajando en el estudio hasta la madrugada.

Sabrina abrió la puerta, se acercó por detrás y le pasó los brazos por el cuello, mientras su otra mano se metía bajo la camisa.

Sergio le sujetó la muñeca, agotado.

—Ya, deja de molestar. Aún no termino.

Frunció el ceño al percibir el olor a cigarro en ella.

—¿Otra vez fumaste? Se supone que íbamos a dejarlo por el tema del embarazo, ¿o no?

Sabrina le rodeó el cuello, se sentó sobre sus piernas y lo miró de frente.

—Ya no puedo dejarlo. Mejor… ¿por qué no buscamos a alguien que tenga al bebé por nosotros?

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