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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 588

Sergio frunció el ceño con más fuerza.

—No podemos hacer nada ilegal. En el fondo, tampoco necesitamos tener hijos. Con Fati y Valentín es suficiente.

Apenas mencionó a Valentín, la mirada de Sabrina se volvió aún más distante.

—Cada vez que Valentín me ve, parece que quisiera borrarme del mapa. Yo sí quiero tener un hijo… uno que de verdad lleve nuestra sangre. Además, fíjate en cómo te trata ahora, ya hasta se está alejando de ti. Sergio, tenemos que pensar en lo que viene para nosotros.

Sergio soltó un suspiro.

—Pero tampoco podemos buscar a alguien para que tenga un hijo por nosotros. Mejor enfócate en que tu salud mejore, y lo intentamos nosotros.

Sabrina ya no insistió. Agarró al azar unos papeles de su escritorio y preguntó, algo confundida:

—¿Por qué sigues tan atareado?

Una sombra cruzó el rostro de Sergio.

—Desde la última vez que me llamaron para dar explicaciones, me han dejado completamente de lado. Ahora me toca hacer todo el trabajo que nadie quiere.

Sergio tampoco entendía bien la situación.

Lo de ser citado, ni era tan grave, pero tampoco insignificante.

Todo empezó cuando él denunció a Los Colmillos del Tigre.

Pero, curioso, desde ese día lo marginaron por completo.

Ya no lo invitaban a ninguna reunión importante y el doble de trabajo caía sobre su escritorio. Puras tareas difíciles y que nadie agradecía.

Sabrina parecía no darle importancia. Con la yema del dedo, rozó suavemente la garganta de Sergio.

—No te preocupes, mi amor, tú eres el mejor.

—Ya vas a ver, pronto te volverán a considerar allá arriba.

Se acercó para susurrarle al oído.

—El año que viene, seguro te proponen para presidente.

En los ojos de Sergio apareció una chispa de alerta y desconfianza.

—¿Qué estás tramando?

Le advirtió en voz baja:

—No olvides que tienes antecedentes. Aunque te ayudé a limpiar todo, si vuelven a pescarte en algo, ni yo podría salvarte.

—Relájate, no he hecho nada.

Sabrina ya le había desabrochado los botones de la camisa y paseaba los dedos en círculos sobre su pecho.

—Ahora sí, es momento de buscar a nuestro bebé.

Sus labios se deslizaron por su pecho y fueron bajando poco a poco.

Como si no tuviera huesos, se deslizó por su cuerpo hasta quedar de rodillas sobre la alfombra.

Aflojó su cinturón.

—Mmm...

Sergio soltó un gemido ahogado y, casi sin pensarlo, apoyó la mano en la nuca de ella.

La pasión le nubló la mirada en un segundo.

No solo traía ropa térmica, sino también chamarras gruesas para el frío.

Hugo carraspeó y, alzando la voz, se dirigió al grupo de bomberos:

—Compañeros, estos son los regalos de la señorita Karina, de Grupo Galaxia, quien además es la esposa de su compañero Lázaro. Ella quiso donarles esta ropa para que pasen mejor el invierno.

—La señorita Karina espera que con la ropa térmica y las chamarras, puedan salir a atender emergencias mucho más cómodos y sigan cuidando a nuestra gente.

—Por favor, acepten este detalle. ¡Gracias por su esfuerzo!

La estación entera se llenó de gritos y risas.

Un grupo de hombres, llenos de energía, rodeó las cajas entre vítores.

—¡No manches! ¡Conozco esta marca! ¡Cada prenda cuesta más de mil pesos!

—¡Lázaro, tu esposa sí que es increíble! ¡Pensó hasta en nosotros!

—¡Esto sí es amor de verdad! Se nota que le importas y, por extensión, también se preocupa por todos nosotros.

—¡Lázaro, esto es puro beneficio por ser tu compa!

Lázaro escuchaba tan contento que no podía ocultar su satisfacción, aunque intentaba mantener la compostura. Solo esa sonrisa que se le escapaba lo delataba.

Con las manos en los bolsillos y la cabeza en alto, respondió con una voz que fingía indiferencia, pero rebosaba orgullo.

—La verdad, lo que más le duele es que yo pase frío.

—Oooohhhhhhh...

La banda estalló en carcajadas y bromas llenas de envidia.

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