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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 669

El sonido de la silla de ruedas volvió a escucharse y la puerta de la oficina se cerró suavemente.

Lázaro, sin embargo, permaneció inmóvil durante mucho tiempo, con la mirada perdida en la pantalla de su celular.

La pantalla se apagó, y él, por inercia, la volvió a encender.

El fondo de pantalla era una peculiar ilustración de una pareja de anime.

El chico, de estilo caricaturesco, lucía un rebelde cabello plateado, pero su mirada era de pura adoración hacia la chica que sostenía en sus brazos.

La chica, como una gatita, se frotaba juguetonamente contra su mejilla, sonriendo de oreja a oreja, sus hoyuelos rebosantes de dulzura.

Nadie adivinaría que eran él y Karina.

Para evitar que los reconocieran, había mandado dibujar su foto como si fuera un anime. Solo él sabía qué momento exacto representaba.

Con la yema del dedo, acarició suavemente el rostro sonriente de la chica en la pantalla. Casi podía recordar la sensación de su mejilla suave contra la suya, y el dulce aroma de su cabello.

No sabía.

Cuando, en la cena, Karina descubriera que él era el señor Boris, ¿cuál sería su reacción?

¿Sorpresa, ira, o… sentiría que la había engañado por completo?

Por primera vez, sintió algo llamado «miedo».

Pero no podía evitarlo.

El estado de la abuela empeoraba día a día.

Tenía que dar este paso, era el único que podía dar.

.

Al día siguiente.

Los líderes del pueblo invitaron a Karina con gran entusiasmo a recorrer la pintoresca calle principal y las dos únicas escuelas del lugar.

El pueblo era muy pobre.

Tan pobre que los niños de la escuela ni siquiera tenían un uniforme.

Las paredes desconchadas, el patio lleno de baches, la ropa vieja y descolorida de los niños… todo sorprendió a Karina.

Hizo una pausa y añadió: —Además, donaremos dos mil libros de diversas categorías. Y también material escolar y deportivo, que no falte de nada.

***

De regreso, la casa rodante avanzaba con suavidad.

Karina miraba por la ventana el paisaje que pasaba a toda velocidad cuando recordó algo.

Le preguntó al conductor: —Disculpe, ¿estamos lejos de Quebrada de la Luna?

Quebrada de la Luna era el pueblo natal de Jimena.

El conductor lo pensó un momento y respondió: —Señorita Karina, no está lejos. Pero si vamos primero a Quebrada de la Luna y luego a Villa Quechua, nos desviaremos unas cuatro horas.

Los dedos de Karina juguetearon inconscientemente.

La bufanda que le había tejido a Lázaro… si no se la daba pronto, empezaría a hacer calor.

—No importa, vamos por allí.

Así que el grupo, sin prisas, decidió tomarlo como un viaje por carretera, parando de vez en cuando.

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