—Antes de irse, el señor cortó la electricidad de su invernadero climatizado.
El rostro de Delfina cambió al instante.
Corrió hacia el patio trasero.
Allí se encontraba su invernadero de cristal, del que estaba tan orgullosa, lleno de flores exóticas y plantas raras que había conseguido de todas partes del mundo a precios exorbitantes. Cada una de ellas era increíblemente delicada.
Pero ahora, el invernadero estaba a oscuras.
El sistema inteligente de climatización había dejado de funcionar, la temperatura cayó en picada y el aire helado entró de golpe.
Aquellas flores tiernas, que tanto esfuerzo había costado cultivar, comenzaron a marchitarse casi al instante.
A Delfina se le nubló la vista y estuvo a punto de desmayarse.
—¡Señora! —La sirvienta la sostuvo a tiempo.
Delfina jamás imaginó que su propio hijo, por culpa de esa mujer, se vengaría de ella de una forma tan cruel.
¡Si se atrevía a manipular así a su hijo sin siquiera haber puesto un pie en la casa, qué sería de su estatus y autoridad una vez que entrara de verdad!
¡Y esa Yolanda!
¡Aceptó su dinero para que guardara silencio y aun así se atrevió a contarle todo a Lázaro!
¡Maldita sea!
¡La gente de familia mediocre no tiene modales! ¡Qué falta de clase!
***
Mientras tanto, Lázaro condujo de regreso al hospital.
Llevaba en la mano un termo de comida muy fino.
Belén todavía estaba de guardia en el pasillo, fuera de la habitación, y al verlo, se acercó rápidamente.
—Primo, Kari todavía no despierta.
Miró el termo que él sostenía y preguntó con cuidado:
—Si quieres… ¿lo llevo yo adentro?
Belén tenía mucho miedo de que la señora Yolanda viera a su primo y volvieran a discutir.
Lázaro dudó un momento.
Dentro del termo había avena con calabaza, preparada por un chef de primera, con calabaza orgánica de la más alta calidad y avena de Hokkaido.
Era el sabor favorito de Karina.
Guardó silencio un momento y finalmente le entregó el termo a Belén.
Al final, no entró.
Se dio la vuelta y caminó hacia el consultorio del médico.
Eloísa estaba a punto de terminar su turno cuando vio que la puerta se abría.



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