Delfina lo miró con incredulidad, y sus ojos se enrojecieron al instante.
—Lázaro… ¿cómo puedes decir algo así? ¡Soy tu madre!
—¿Mi madre?
Lázaro soltó una risa tétrica, como si hubiera escuchado el chiste más grande del mundo.
—Agrediste a mi esposa, el señor Iker te castigó, y tú enviaste una compensación. En principio, no pensaba seguir con el asunto.
Su voz se endureció de repente, cargada con una furia que parecía capaz de destruirlo todo.
—¡Pero te pasaste de la raya! ¡Cómo te atreves a tomar decisiones por mí y a usar esas cosas para humillar a mi familia!
—A partir de este momento, se congela tu acceso a todos los fondos de La Fundación Juárez, al fideicomiso familiar y a tus tarjetas de crédito sin límite.
El color desapareció del rostro de Delfina.
Sin todo eso, ¿cómo iba a mantener las apariencias en su círculo social? ¿Cómo invitaría a sus amigas a sus reuniones en casa? ¡Ni siquiera tendría acceso a las nuevas colecciones de las marcas de lujo!
¡Se convertiría en una matriarca de cascarón, con un título vacío!
Señaló a Lázaro, temblando de rabia.
—¿Tú… le vas a hacer esto a tu propia madre por una extraña?
—¡Ella no es una extraña!
Lázaro dio un paso al frente, y la presión de su presencia casi dejó a Delfina sin aliento.
—¡Karina es mi familia!
—¡Parece que esa mujer te tiene embrujado! ¡Ya ni sabes cómo te apellidas! —le gritó Delfina.
Pero Lázaro solo la miró con indiferencia.
—Escúchame bien.
—Mientras no reconozcas tu error, mientras mi esposa y mi suegra no te perdonen, mientras ellas, por tu culpa, se nieguen a aceptar a la familia Juárez…
—¡Yo, Lázaro, no volveré a poner un pie aquí!
—¡Y todo lo que te he quitado hoy, jamás lo volverás a recuperar!
Dicho esto, se dio la vuelta y se marchó a grandes zancadas.
Su espalda era tan rígida y fría como un bloque de hielo milenario.
Delfina se quedó paralizada un momento y luego corrió tras él, sin importarle que el abrigo se le cayera al suelo.
—¡Lázaro!
Gritó con los ojos enrojecidos:
—No te vayas, quédate a comer conmigo, solo una comida, ¿quieres?
En cuanto supo que Karina era su nuera, contrató de inmediato a *Veritas & Clue* para que investigaran a Karina y a la familia Sierra.
Una familia de medio pelo como los Sierra era algo que jamás podría aceptar.
Sin embargo, el hecho de que Karina fuera tan fértil sí le agradaba.
Después de todo, la familia Juárez necesitaba herederos.
¡Pero para entrar a la familia Juárez, tener un vientre útil no era ni de lejos suficiente!
La matriarca de la familia Juárez debía ser como ella, de una de las mejores familias, para crear una alianza poderosa, ¡no para traer un montón de problemas vergonzosos!
La sirvienta sentía un dolor agudo por el agarre, pero no se atrevía a soltarse. Solo pudo bajar la cabeza y tratar de calmarla.
—Señora, hace mucho viento afuera, mejor entremos…
Delfina sentía una opresión terrible en el pecho. La apartó de un empujón y ordenó:
—Ve y llama a la señora Beltrán.
La señora Beltrán era su mejor amiga, y en ese momento necesitaba desesperadamente desahogar su frustración y su pena con alguien.
Pero la sirvienta, que había salido corriendo, regresó casi de inmediato.
—Señora… ¡pasó algo terrible!
***

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