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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 736

Javier la miraba fijamente, parpadeando.

Karina esbozó una sonrisa, se llevó el índice a los labios y le hizo un gesto para que guardara silencio.

Javier entendió al instante. Apretó los labios, se pasó una manita por la boca como si cerrara un cierre y asintió con energía.

Beatriz y Noemí terminaron de empacar rápidamente.

Beatriz se acercó al impresionante ramo de flores y preguntó:

—Kari, ¿nos llevamos estas?

Karina, abrazando el libro, respondió con indiferencia.

—Tíralas.

—¡¿Qué?! —exclamó Beatriz, alzando la voz—. ¿Tirarlas? ¿Algo tan caro y ni siquiera te inmutas?

Tenía una expresión de profundo pesar.

—¡Qué desperdicio! ¡Cada uno de estos pétalos cuesta una fortuna!

Karina sonrió sin decir nada más.

El grupo se dirigió hacia el elevador.

Javier, feliz, caminaba al frente abrazando los girasoles que le había regalado a su tía.

Mientras tanto, el valiosísimo ramo de rosas azules quedó discretamente abandonado junto al bote de basura, a un lado de la puerta de la habitación.

El carro no se dirigió a Paraíso Austral, sino a Privadas del Lago.

Cuando Karina llegó a la casa, se dio cuenta de que su madre no estaba.

Beatriz, mientras la ayudaba a meter sus cosas, le explicó:

—Tu mamá ha estado muy ocupada estos días, seguro que todavía está en el laboratorio.

—¿Laboratorio? —Karina no esperaba que su madre se moviera tan rápido.

—Sí, se unió al equipo de investigación de Innovación Quantum S.A., del señor Yago.

—¡Ese es el equipo científico más importante del país, desarrollan tecnología de punta! ¡Quién diría que tu mamá, después de tantos años sin trabajar, regresaría con tanta fuerza!

La mirada de Karina se suavizó.

—Aunque mi mamá no ha trabajado en más de veinte años, nunca ha dejado de estudiar.

Dijo con un dejo de orgullo:

—De hecho, la idea principal del robot asistente inteligente Dúo, que acaba de salir al mercado, fue de ella.

—¡De eso sí sabía! —dijo Beatriz con emoción—. Dúo es prácticamente el robot más potente y completo que existe. Lástima que sea tan caro, si no, me compraría uno para que me ayudara a cuidar a mi hijo.

Karina se sintió algo extrañada.

El precio de Dúo era ciertamente elevado, más de veinte millones de pesos, pero con la capacidad y los ingresos de Beatriz, no debería ser algo inalcanzable.

—Sí —respondió, mientras un torbellino de emociones la sacudía por dentro.

Antes, siempre había pensado que la señora Juárez estaba confundida y la había reconocido por error.

Pero ahora entendía que aquella forma de llamarla, "mi niña", desde el principio, había sido genuina y dirigida a ella.

La voz de la anciana volvió a sonar desde el otro lado, como si estuviera presentando una queja.

—¡Ya tienes mucho tiempo sin venir a ver a esta vieja!

—¡Todo es culpa de ese mocoso! ¡Cada vez que viene, nunca te trae! ¡Le acabo de dar otra vez con el bastón!

—La próxima vez le voy a ordenar que te traiga, ¡que vengan los dos juntos! Las acelgas que planté en mi jardín ya crecieron, están bien verdecitas. La abuela les va a preparar unas empanadas de acelga, ¿qué te parece?

Karina sintió como si algo le golpeara el corazón, una mezcla de ternura y nostalgia.

Suavizó la voz.

—Abuela, soy yo la que ha estado ocupada últimamente. En cuanto tenga un momento, le prometo que iré a verla.

—¿Y cuándo vas a tener tiempo? —preguntó la anciana de inmediato, con una impaciencia casi infantil—. ¿Puedes mañana?

Mientras tanto, fuera del pequeño patio privado del asilo.

Junto a la entrada, Lázaro, a quien acababan de echar, permanecía de pie en silencio.

***

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