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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 750

La mirada de la abuela se posó en su vientre abultado, volviéndose increíblemente tierna.

Levantó la mano, pero su mano arrugada se detuvo en el aire, como si quisiera tocarla, pero al final la retiró lentamente.

Era como si temiera que ella, una mujer con un pie en la tumba, pudiera transmitir mala suerte a esos gemelos que aún no habían nacido.

Los ojos de la anciana se humedecieron.

—Quién sabe si estos viejos huesos aguantarán para verlos nacer… —dijo en voz baja.

—¡Claro que sí! —respondió Karina de inmediato—. La salud de la abuela va a mejorar cada día más.

La anciana sonrió, una sonrisa que reflejaba una sabiduría resignada.

—Conozco mi propio cuerpo. Mi cerebro se está atrofiando. Momentos de lucidez como este serán cada vez más raros.

Le dio otra palmadita en la mano a Karina.

—Pero no te preocupes, hija. Incluso si un día pierdo la cabeza por completo, o si me muero, la gente que he dejado a cargo hará todo lo posible por protegerte.

Habían estado hablando por un buen rato.

Alguien tocó suavemente la puerta de la recámara y se escuchó la voz de la enfermera desde afuera:

—Señora, el señor ya preparó las empanadas. Ya pueden salir a comer.

—Vamos —dijo la anciana, tomando a Karina de la mano—. Primero a comer. Ahora tienes que cuidarte mucho, no puedes seguir adelgazando. Necesitas reponerte.

Salieron de la recámara y se dirigieron al invernadero climatizado del patio.

En el centro del invernadero, sobre una pequeña mesa, ya estaban servidos cuatro platos de empanadas calientes.

El vapor se elevaba de ellas, y el aroma fresco de las acelgas se mezclaba con el de la carne, abriendo el apetito.

Karina estaba sorprendida.

En poco más de una hora, Lázaro no solo había recogido, lavado y picado las acelgas, sino que también había preparado el relleno, estirado la masa, hecho las empanadas e incluso las había cocido.

La abuela también pareció sorprendida. Se acercó a la mesa y dijo con voz tranquila y normal:

—Pues hoy voy a probar qué tal te quedaron.

Lázaro se detuvo en seco.

Levantó la cabeza de golpe, sus profundos ojos negros fijos en su abuela. Su voz, tensa por la emoción, apenas salió.

—Abuela, usted…

—Estoy perfectamente bien —resopló la anciana—. Ninguno de ustedes volverá a engañar a esta vieja.

Francisco se acercó lentamente en su silla de ruedas.

—Abuela, yo también ayudé a hacer estas empanadas. A ver si adivina cuáles son las mías.

La abuela ni siquiera necesitó mirar.

—Las más feas del plato, seguro que son las tuyas.

Capítulo 750 1

Capítulo 750 2

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