El guardaespaldas hizo una pausa antes de continuar.
—Es su asistente personal, Hugo.
Karina: «???»
—Señorita Karina, le envié las fotos a su celular.
Pronto, varias imágenes llegaron a su teléfono.
En las fotos, Beatriz y Hugo estaban sentados en una cafetería. Beatriz parecía hablar con vehemencia mientras Hugo se inclinaba para escucharla.
Pero el ángulo de la foto era tan malintencionado que, a primera vista, parecía que se estaban besando.
Había varias más: ambos saliendo del edificio del Grupo Galaxia, entrando y saliendo de un club, en un restaurante de lujo… e incluso una en la que salían juntos por la puerta de un hotel de cinco estrellas.
Karina se masajeó las sienes.
Era evidente que Beatriz y Hugo estaban trabajando, reuniéndose con clientes.
Y el esposo de Beatriz, para quedarse con todo el patrimonio que ella había construido, era capaz de cualquier cosa.
—Señorita Karina —dijo de nuevo el guardaespaldas—, el señor Lázaro ha llegado. La llamo más tarde.
La llamada se cortó.
Karina no tuvo que esperar mucho.
Apenas media hora después, el guardaespaldas volvió a llamar, esta vez con un tono notablemente más relajado.
—¡Señorita Karina, asunto resuelto!
—En cuanto llegó el señor Lázaro, descubrió que el esposo de la señora Beatriz la había estado engañando desde hace tiempo. ¡La amante tiene tres meses de embarazo! La familia de ella lo está presionando para que le dé una boda por todo lo alto, por eso tenía tanta prisa en forzar el divorcio y quedarse con todo.
—El señor Lázaro ya se llevó a Javier. Ahora mismo, la señora Beatriz está negociando los términos del divorcio con su esposo.
Karina suspiró aliviada. Se recostó en la silla y le dio una última instrucción.
—No te separes de la señora Beatriz ni un segundo, hasta que el acuerdo de divorcio esté firmado.
Tras colgar, Karina miró por la ventana el cielo nocturno, y una leve sonrisa finalmente apareció en sus labios.
Qué bien.
Una vez divorciada, Beatriz no volvería a cometer los mismos errores de su vida pasada.
***
Ciudad Alba.
En ese momento, Beatriz, al descubrir toda la verdad, sintió cómo su corazón, ya herido, se rompía en mil pedazos.
Sobre todo al saber que no solo le había sido infiel, sino que había dejado embarazada a otra mujer e incluso había intentado culparla a ella para dejarla en la calle…
La cuerda de su cordura finalmente se rompió.
Se abalanzó sobre él y, con todas sus fuerzas, le dio una bofetada en la cara.
—¡Miserable!
Las lágrimas brotaron sin control, y su voz temblaba.
—¿Cómo pudiste hacerme esto? ¡Te di un hijo, me encargué de la casa, me partí el lomo trabajando para ti! ¿Y así me lo pagas?
—¿Me dejas sin nada para hacerle un hueco a tu amante y a tu hijo bastardo? ¡¿Con qué derecho me haces esto?!
—¡¿En qué te he fallado para que me destruyas así?! ¡Para que me engañes de esta manera!

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