—¿Me buscaba, director?
Ana se anunció desde la puerta, manteniéndose erguida y con actitud formal.
El director le estaba sirviendo una infusión a Vanesa. Al ver entrar a Ana, echó un vistazo a la heredera, quien seguía dándole la espalda a la joven, sin inmutarse lo más mínimo.
—Así es, Ana. Pasa, quiero presentarte a alguien... —Apenas el director pronunció esas palabras, Vanesa se enderezó en su asiento.
Se giró con una elegancia calculada. En su rostro de tez de porcelana se dibujó una sonrisa deslumbrante y seductora.
—Así que tú eres Ana Nogales, la Campeona del reciente Certamen Metropolitano de Física. Hola, Ana. Soy Vanesa Santángel, directora de inversiones del Consorcio Santángel. Puedes llamarme Señorita Santángel, Directora Santángel, o si lo prefieres, simplemente Vanesa.
¡Alerta roja!
En el instante en que Ana vio a Vanesa, sintió que el universo entero conspiraba en su contra. ¡Qué maldita pesadilla!
Si en su vida pasada la persona que más la había traicionado era Julián Ledesma, la que más ganas tenía de destruirla era, sin lugar a dudas, Vanesa Santángel.
Era la supuesta prometida de Mauricio... título que ella misma se había inventado.
En su vida anterior, durante los tres años que trabajó como secretaria de Mauricio, además de absorber todos sus conocimientos empresariales, Ana pasó la mayor parte de su tiempo libre intentando lidiar con Vanesa.
Al principio, cuando Ana quería renunciar para irse con Julián, ella y Vanesa llegaron a tolerarse, casi apoyándose mutuamente por conveniencia. Pero después de que Mauricio sufriera un sabotaje por parte de sus rivales, Ana terminó convirtiéndose en su escudo humano contra esa bestia indomable que era Vanesa.
¡Esa mujer estaba completamente desquiciada! Al nivel de ser capaz de matar a alguien.
Mauricio nunca le correspondió. Vanesa, que siempre había sido el centro de atención y lo había tenido todo fácil en la vida, vio su orgullo pisoteado al ser rechazada por él. Estaba tan obsesionada que juró que, aunque se casara con Yago Maldonado, tarde o temprano haría suyo a Mauricio.
Era el clásico cliché de la niña rica y mimada: ruin, sin escrúpulos y con un nivel de locura que a Ana le ponía los pelos de punta.
En su otra vida, Vanesa había sentido unos celos enfermizos hacia ella y le había hecho la vida imposible. Ana había llegado a las manos con ella varias veces, de esas peleas donde vuelan extensiones y arañazos. Solo se calmó cuando Ana le juró que llevaba años enamorada de otra persona. Vanesa la obligó a hacer público su romance con Julián y a renunciar por el escándalo, y recién entonces la dejó en paz.
Aunque, si era sincera, nunca la dejó en paz del todo.
¿Cómo era posible que todo esto estuviera ocurriendo tan pronto en esta nueva vida?
Aún no terminaba el ENIS, y el acuerdo de patrocinio con Mauricio era un secreto absoluto. ¿De dónde sacó la información?
Ana sintió una punzada de inquietud. ¡¿Acaso fue obra de Ximena?!
No era descartable, pero a la vez parecía poco probable. Conociendo la locura de Vanesa, seguro escuchó algún rumor suelto y vino corriendo a marcar territorio y hundir a su rival.
¡Dios santo, en esta vida no quería tener nada que ver con ella! ¡Era una desquiciada de manual!

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