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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 133

En cuanto los dedos de Vanesa rozaron su mentón, Ana dio dos pasos hacia atrás.

Esbozando una sonrisa amable, respondió: —Señorita Santángel, agradezco profundamente su interés; de verdad me siento halagada. Sin embargo, todo el proceso de las becas lo estoy manejando bajo los reglamentos de la escuela.

—No me parece correcto cambiar de patrocinador de la noche a la mañana. Puede que no tenga experiencia en el mundo real, pero sé que cuando se firma un contrato, no hay marcha atrás. Aunque usted se ofrezca a pagar la penalización, ni siquiera he presentado el ENIS. Si hago esto ahora, temo quedarme sin apoyo de nadie y terminar arruinada.

—Si realmente desea patrocinarme, le sugiero que lo negocie directamente con el Señor Mondragón. Aunque no lo conozco bien, recuerdo que en la entrevista me advirtió que lo pactado es inquebrantable. Y, la verdad, su mirada da muchísimo miedo. Yo soy solo una estudiante; acataré lo que decida el instituto.

—Lo siento muchísimo, Señorita Santángel, pero no puedo ayudarla.

Ana hizo una rápida reverencia, luciendo como la perfecta alumna modelo: inocente, obediente e ingenua.

Sin importar los rumores que Vanesa hubiera escuchado para intentar convencerla de traicionar a Mauricio, el contrato ya estaba firmado. Y, por supuesto, no podía soltarle que la multa por incumplimiento ascendía a diez mil millones.

Para empezar, Vanesa jamás pagaría esa suma. Además, si se enteraba de los detalles del acuerdo, sus celos enfermizos estallarían de nuevo. Ana necesitaba paz antes del examen y no quería enredarse en dramas innecesarios. Sabía bien que el interés de Vanesa no era académico; solo buscaba tantear el terreno para descubrir qué vínculo la unía con Mauricio.

En la vida pasada era una desquiciada obsesiva, y en esta no había cambiado ni un ápice. "Por favor, déjame en paz, ¡yo no he hecho nada malo!", suplicaba mentalmente Ana.

A Vanesa no le sorprendió en absoluto el rechazo. Lo que sí la desconcertó fue que, detrás de esa fachada de niña tonta, la mocosa hablara con tanta claridad y lógica: primero escudándose tras una negociación con Mauricio y luego apoyándose en las reglas de la escuela.

¡Ja! ¿Acaso creía que Vanesa era tan estúpida como para no notar cómo la estaba toreando?

Ximena tenía razón: esa chiquilla tenía mucha labia y era más lista que el hambre.

—No te pongas nerviosa, Ana, solo vine a charlar. Sé que te pongo en una posición difícil, pero de verdad espero que lo reconsideres. El Consorcio Santángel asumirá cualquier penalización económica, no tienes de qué preocuparte. Solo tienes que decírselo a Mauricio. O mejor aún, pídele al director que lo llame ahora mismo y tú misma le comunicas que cancelas el contrato.

—Piénsalo un poco, Ana. —Vanesa, que venía preparada para todo, le hizo una seña a su asistente. Este sacó del maletín un documento oficial que demostraba que no estaba hablando por hablar.

Se lo tendió a Ana. —Revisa las cláusulas. Si hay algo que no te guste, o si quieres añadir algo, siéntete libre de pedirlo.

Vanesa estaba ansiosa por ver con qué excusa intentaba zafarse esta vez.

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