Después del humillante enfrentamiento que había tenido con Ana esa mañana, Beatriz estaba de un humor de perros.
Sabiendo que la joven la detestaba, decidió vengarse de la manera más retorcida posible: haciéndole la vida imposible a Mateo.
Le había enviado fácilmente unos cien mensajes exigiéndole que pasara a comprar un sinfín de insumos para el puesto y de caprichos que ella y Julián querían cenar.
Pero Mateo no le había respondido ni un "sí". Y Beatriz no podía saber si simplemente estaba ignorando sus mensajes o si no los había visto.
Optó por creer en lo segundo. ¡Ni que Mateo tuviera el valor de atreverse a ignorarla a propósito! Por lo tanto, decidió rebajarse a llamarlo por teléfono para asegurarse de que estuviera al tanto de sus exigencias, impidiéndole usar la vieja excusa de "es que no vi tu mensaje".
Él todavía estaba en periodo de prueba; bastante favor le hacía al no seguir enojada por lo de ayer.
El tono de llamada sonó, pero nadie contestaba.
Beatriz empezó a hervir de rabia. "¿Ese inútil de Mateo está en el baño? ¡Pues aunque estuviera cagando debería contestarme! ¿No sabe lo humillante que es para mí estar esperando?".
Se arrepintió de haber sido tan blanda la tarde anterior. Debió haberle dado un escarmiento mucho peor. Ya vería: en cuanto contestara, le daría una lluvia de insultos que nunca olvidaría.
—¿Bueno? Beatriz, soy Sergio. Mateo está trabajando. Por cuestiones de seguridad en la obra, yo tengo su celular. ¿Se te ofrece algo urgente? Le doy el recado en cuanto termine su turno.
Beatriz se quedó de piedra. Todos los venenosos insultos que tenía en la punta de la lengua se esfumaron.
—Ah... Sergio. Disculpa la molestia, espero no haber interrumpido el trabajo.
¿Qué diablos hacía Sergio contestando el teléfono de Mateo?
En realidad, Sergio se lo había arrebatado de las manos al notar la angustia de Mateo, obligándolo a quedarse quieto para que escuchara lo que esa bruja tenía que decir.
—Para nada. Menos mal que siempre les quito los teléfonos antes de empezar. Ya sabes cómo es esto, un paso en falso allá arriba y ocurre una desgracia. Pero toda la mañana el celular de Mateo no ha parado de sonar por tus mensajes. Pensé que sería una emergencia, por eso contesté.
—Me imagino que lo entiendes perfectamente, ¿verdad, Beatriz?
Sergio casi soltaba chispas al decir eso. Le hervía la sangre ver cómo a esa mujer le importaba un pepino si Mateo se mataba en un andamio. Mensajes y más llamadas constantes. ¡Quería ver qué "emergencia" tenía!
Beatriz apretó los dientes, avergonzada. ¿Cómo iba a saber ella que esos brutos tenían que entregar el celular? Solo era un mugroso albañil, no un científico de la NASA. ¡Qué ridícula exageración!
—Por supuesto que sí, Sergio, me parece muy responsable de tu parte. Eres su capataz, es tu deber mantenerlos a salvo, haces bien en contestar.
Sergio tragó saliva para calmarse. —Qué alivio que lo tomes así. Y bien, ¿qué era eso tan urgente?
Beatriz soltó una risita forzada. —Nada grave. Solo quería saber si Mateo había visto los recados que le dejé. Si no los vio, no pasa nada, era solo para confirmar a qué hora sale hoy. Dile que me regrese la llamada.
Sergio sabía perfectamente que esa arpía seguía fingiendo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro