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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 4

La madre de Julián se quedó de piedra al escucharla, y Mateo también.

Ana no les dio tiempo de replicar y continuó:-

—Mire, Doña Beatriz. Mi papá le ha hecho de cargador gratis en su puesto durante doce largos años. Además, mi papá a veces saca de su bolsillo para pagarle ingredientes u otros gastos, pero dejemos eso a un lado. Al final, él lo hacía de corazón porque quería formar una familia con usted. Sin embargo, veo que usted no tiene ni la más mínima intención de que eso pase. Julián y yo ya somos grandes, y para evitar chismes y el qué dirán, quiero que mi papá, que aún es joven y no tiene ataduras, empiece una nueva vida. Usted no tiene ningún problema con eso, ¿verdad, Doña Beatriz?

Antes de que la madre de Julián pudiera responder, Mateo regañó a su hija:

—¡Ana! ¿Qué manera es esa de hablarle a Doña Beatriz? Estos son asuntos de grandes, tú no te metas. Tú dedícate a estudiar para tus exámenes, no tienes por qué preocuparte por mí.

—Papá, ¿puedes abrir los ojos de una vez? Si Doña Beatriz de verdad estuviera interesada en ti, ¿no crees que ya estarían juntos después de tantos años? Ya no uses el pretexto de que Julián y yo estábamos chicos. Tú sabes mejor que nadie la verdad: ella es hermosa y dueña de su negocio. ¿Cómo crees que se va a fijar en ti? Para ella, no eres más que mano de obra gratuita.

Lo que Ana decía era la pura verdad.

En su vida pasada, incluso cuando ella y Julián le compraron una mansión a sus padres, la respuesta literal de la madre de Julián fue:

—Ay, Julián, yo sé que eres un buen hijo, pero no me voy a ir a vivir con Mateo. Ya estamos mayores para andarnos juntando como chiquillos. Estaremos mejor como siempre, cada quien en su casa.

—Solo le di alas porque sabía que iba a romperse el lomo trabajando gratis en mi puesto sin quejarse. Igual con su hija; hijo, mírate ahora, lo que eres me da la razón en todo lo que hice. Ya ves cómo Ana es igual que su padre, darían la vida por nosotros, pero aun así, jamás permitiré que esa mosquita muerta se case contigo.

—Mira, Julián, mira estas fotos; todas son herederas de familias ricas. Sí, Ana creció contigo, pero la hija de un chalán sin estatus no te llega ni a los talones. Si la puse a ser tu sombra y a vigilarte fue para que Mateo se creyera el cuento de que, aunque él y yo no nos casáramos, su hija tendría la vida resuelta.

—Hazme caso, cásate con una heredera que esté a tu nivel. Así mejoramos la sangre de los Ledesma, y si alguna vez hay problemas, un suegro de poder te va a sacar del apuro.

En ese momento, Ana casi se ríe de coraje, con ganas de irrumpir y reclamarle: «Doña Beatriz, será muy chalán, pero lleva años dándole todo su amor. Antes éramos pobres, entiendo sus dudas, pero ahora que su hijo es el más rico, ¿qué peros le pone? Y encima, ¿le quiere buscar niñas ricas a Julián? ¿Por quién me toma?»

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