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Renacer sin Perdón romance Capítulo 1237

Al escuchar esas palabras, Rosana dejó ver una sonrisa en su rostro.

—Eso es perfecto.

Ahora que sabía que Estefanía era la verdadera dueña detrás de la empresa PZ, y que además tenían en sus manos a un testigo clave, sentía que por fin las piezas encajaban. Si en el futuro lograban llevar a Estefanía ante la justicia, ya contaban con alguien que podía testificar.

Después de todo, Estefanía siempre se mantenía en las sombras. Si no tenían un testigo, ¿quién podría probar su identidad?

Rosana pensó unos segundos antes de decir:

—Román me confesó un secreto. Hace tiempo, él llegó a conocer en persona a la verdadera jefa de la empresa PZ. Sabe quién es.

No mencionó que Román lo había visto en un sueño. Era algo que prefería guardarse; ni siquiera sabía cómo explicarlo a los demás.

Óscar no pudo evitar mostrarse ansioso.

—¿Y quién es? —preguntó en voz baja.

Rosana miró a ambos lados, como asegurándose de que nadie más escuchara, y bajó aún más la voz.

—Es Estefanía.

—¿Qué? ¡Eso no puede ser! —exclamó Óscar, visiblemente sorprendido. También miró a su alrededor y luego susurró—: Yo mismo investigué a esa mujer. Eso es imposible.

—A mí también me cuesta creerlo, pero Estefanía planeaba acabar con sus fraudes en el país, huir y asociarse con la isla para montar una farmacéutica. Todo para seguir engañando gente.

—¡No manches! Esa mujer sí que es mala —soltó Óscar, indignado.

Jamás se habría imaginado que la persona detrás de todo ese desastre fuera Estefanía.

Javier, con el ceño fruncido, lanzó una mirada inquieta hacia la sala de cuidados intensivos.

Rosana intervino:

—Todavía no le conté nada a ella. Por ahora, lo mejor es que descanse y se recupere.

Eso tranquilizó un poco a Javier; su expresión hacia Rosana se suavizó.

—Por ahora, para no alertar a nadie, Francisco está bajo mi resguardo —explicó Javier—. Si los de la empresa PZ vienen a buscarlo, les diré que lo tengo retenido y que exijo un rescate. Así evitamos que Estefanía sospeche algo.

—Me parece lo mejor —apoyó Rosana.

Él vestía un traje oscuro impecable, con varios asistentes a su alrededor. Imponía respeto y no era para menos.

En cuanto Rosana entró, sintió las miradas de todos sobre ella. Hizo un esfuerzo por mantenerse tranquila, se acomodó en su asiento y fingió que nada pasaba. Después de todo, en la oficina ella y Dionisio solo eran colegas.

Aunque sabía que por dentro, todos estaban muriéndose de curiosidad.

Dionisio se sentó y, enseguida, su secretaria abrió un folder y comenzó a explicar que el avance del proyecto iba retrasado. No se habían entregado los resultados a tiempo según lo planeado.

Cuando la secretaria terminó de hablar, Rosana notó cómo la tensión se apoderaba del ambiente.

Dionisio recorrió la sala con la mirada, hasta detenerse justo en la dirección donde estaba Rosana.

Habló con voz tranquila, pero con una autoridad que no admitía excusas.

—¿El departamento técnico tiene algo que decir al respecto?

El jefe del área se levantó, nervioso, casi temblando.

—Nuestro equipo ha estado trabajando horas extra. Prometemos que pronto presentaremos los resultados.

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