—¡Viviana, ya no hagas escándalo!
Sabrina, que acababa de regresar del pasillo con un vaso de agua, tomó del brazo a Viviana rápidamente. Con una expresión de profunda angustia, volteó a ver a Elvira y le dijo:
—Elvira, no le hagas caso, Viviana solo habló sin pensar. Todos somos compañeros, no hay necesidad de que nos peleemos por mi culpa.
Al ver a la hipócrita de Sabrina fingiendo ser la buena, Elvira recordó su vida pasada.
Así era exactamente como Sabrina se hacía la víctima frente a Julio.
Sus propios hijos, por el simple hecho de haberle dicho a Sabrina que era una mentirosa y manipuladora, habían sido abofeteados en público por Julio.
Y más tarde, fue por culpa de Sabrina que Julio provocó la muerte del hijo que ambos esperaban.
Con voz gélida, Elvira espetó:
—Sabrina, ¿no te cansas de fingir?
—Elvira... ¿qué estás diciendo? ¿Acaso tienes algún malentendido conmigo?
Sabrina pareció sentirse muy herida por las palabras de Elvira. Se acercó, le tomó la mano y continuó:
—Elvira, sé que el hecho de que Julio y yo estemos juntos te lastima mucho, pero en el amor no se manda. Espero que puedas aceptar la realidad y que en el futuro volvamos a ser buenas amigas.
Al escuchar esas palabras tan repulsivas, Elvira sintió asco y se soltó bruscamente de su agarre.
Sabrina dio un par de traspiés y casi se cae al suelo. De inmediato, Viviana se apresuró a sostenerla.
—¡Elvira! ¡Te pasas! Sabrina quiere hacer las paces contigo de buena fe y tú la agredes.
—Hablemos claro, Sabrina. Todos esos rumores sobre mí, fuiste tú quien los esparció, ¿verdad?
Ante la pregunta directa de Elvira, Sabrina negó frenéticamente con la cabeza. Viviana, en cambio, fulminó a Elvira con la mirada y replicó:
—¿Cuáles rumores? ¡Sabrina lo vio con sus propios ojos! ¡Si tienes el descaro de hacerlo, ten el valor de admitirlo! ¡Sabrina ni siquiera te ha reclamado por intentar meterte en su relación con Julio y tú todavía te atreves a exigirle explicaciones! Además, ya estás viviendo junto con Bernardo y sigues detrás de Julio, ¡no tienes vergüenza!
A Viviana se le salieron las lágrimas del coraje. A su lado, Sabrina dio un paso al frente y exclamó:
—¡Elvira, te pasaste de la raya! Viviana solo dijo la verdad, ¿por qué reaccionas tan agresiva y la golpeas?
Con tono glacial, Elvira sentenció:
—No solo voy a golpearla a ella, también a ti.
Al oír esto, Sabrina se puso pálida. Vio cómo Elvira levantaba la mano, pero antes de que pudiera darle la bofetada, alguien la sujetó con una fuerza abrumadora.
De pronto, Elvira sintió un tirón violento hacia atrás, que casi le disloca el brazo.
Julio la empujó al suelo, mientras él corría hacia Sabrina y le preguntaba con el ceño fruncido:
—¿Te hizo daño?

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