Después de esa salida, Alma se quedó inmóvil mientras su apartamento solo olía a alcohol, sangre y sudor. Aunque ya no había ningún arma apuntándole a la cabeza, ella sentía el peso del cañón en su frente.
Su mejor amigo caminaba de un lado a otro pasando una mano por su cabellera rojiza en señal de desesperación, como si quisiera arrancárselo.
—¡Te dije que Velvet Noir era seguro! —exclamó por tercera vez el pelirrojo—. Bueno… relativamente seguro. Nadie esperaba que apareciera un Romanov en medio de la noche.
Alma levantó la mirada lentamente hacia él. Sus ojos azules estaban enrojecidos por el cansancio y el estrés.
—¿Relativamente seguro? —repitió con incredulidad—. Yuri, termine secuestrada por un mafioso en mi propio apartamento. Me obligó a operarlo en mi sala.
—Lo sé, cariño.
—¡Me apuntó a la cabeza durante toda la noche!
—Sí, también lo vi.
—¡Y casi te mata a ti!
Una mueca dramática salió en la boca de Yuri, deteniéndose por un segundo a analizar las cosas.
—Eso sí fue bastante traumático, lo admito.
Alma se puso de pie abruptamente. El cansancio le pesaba en cada músculo, pero la rabia era más pesada. Caminó hasta la cocina y se sirvió un vaso de agua con mano temblorosa.
—¿Qué demonios hacías llevándome a un club lleno de criminales? ¡Estás jodidamente loco! —chilló mirándolo con rabia mientras este abría y cerraba la boca, ya que por un momento las palabras le fallaban.
—Velvet Noir siempre está lleno de empresarios, modelos, políticos… gente rica —intentó justificarse—. Si, claro, probablemente muchos lavan dinero, venden drogas o pagando prostitutas de lujo, pero eso es Moscú, cariño. La ciudad funciona así.
—No bromees con esto —advirtió Alma, dejando caer el vaso con fuerza sobre la encimera.
—No estoy bromeando —respondió Yuri, ahora más serio—. Nunca pensé que Nikolai Romanov aparecería allí. Te lo juro por mi vida.
Ella frunció el ceño.
—¿Nikolai?
—Sí, Nikolai Romanov. El heredero principal de la Bratva Romanov.
El estómago de Alma se apretó con fuerza. Ahora el monstruo tenía nombre.
—No quiero volver a escuchar nada de él —murmuró ella.
—Créeme yo tampoco —suspiró Yuri quien camino hasta ella y sujetó suavemente sus hombros—. Voy a hablar con mi herman…
—No.
—Alma.
—No metas a nadie más en este problema.
Yuri negó.
—Mi hermano es hacker, conoce gente y puede averiguar que quiere Romanov contigo. Tal vez podamos sacarte de cualquier problema antes de que empeore.
El deseo de Alma fue decir que era demasiado tarde, ya que la manera en que se expresó Nikolai Romanov dejó claro una cosa, si se rehusaba a ser de su propiedad, ella iba a ser la siguiente en aparecer en el canal de noticias donde Yuri trabaja.
“Desde este momento me perteneces un poco”
(…)
La semana siguiente, Alma intentó volver a la normalidad, pero esa “normalidad” murió aquella noche en el Velvet Noir. El lunes regresó al hospital universitario de Moscú con solo tres horas de sueño, ojeras marcadas y la sensación constante de que alguien la estaba vigilando.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Salvé al mafioso y ahora soy su obsesión