Punto de Vista de Gavin
—¿Has pensado en mi oferta? —preguntó Zachary al entrar en su oficina.
No se molestaba en palabras amables; era de los que iban directo al grano. En ese aspecto, a veces me recordaba a mi padre. Lo había perdido hace tantos años que casi olvidé qué clase de hombre era... aunque, siendo sincero, quizá nunca lo conocí realmente. Sin embargo, Zachary me lo recordaba, y todavía no sabía si eso debía tranquilizarme o preocuparme.
Hubo un tiempo en que nuestras familias estaban unidas, en el que mi papá y él eran inseparables, y yo pasaba mis días con Noah, su hijo. Pero después, todo se vino abajo, nuestros padres dejaron de hablarse, se rompieron los lazos de golpe y desde entonces, no pude volver a ver a Noah.
Me senté frente a su escritorio, rodeado del mismo ambiente cargado de siempre: madera oscura, cortinas pesadas y estantes que mostraban poder sin esfuerzo.
—Sí, lo pensé —dije al fin—. Pero sigo sin entender por qué te obsesiona esta alianza con la Fundación Landry. Estuviste fuera del mapa durante años y, de la nada, regresas con este plan.
Zachary se recostó en la silla de su escritorio, sin apartar la mirada de mí.
—Entiendo tu escepticismo y no te culpo —respondió—. Tu padre habría dicho exactamente lo mismo. En su momento, fuimos socios... hasta que decidió acabar con todo.
—Entonces explícamelo —insistí—. ¿Por qué acercarte a mi?
—Porque tú no eres él —contestó sin pestañear—. No cometerías los mismos errores.
Tenía razón; yo jamás repetiría lo que hizo mi padre. Aun así, no terminaba de entender por qué Zachary quería unir nuestras empresas y volverse mi socio. Nunca lo habría considerado una opción: cada una funcionaba bien por su cuenta, y aunque una fusión ampliaría el mercado y fortalecería nuestra red de protección, su urgencia no tenía sentido.
Lo más extraño era su ofrecimiento: abrir sus rutas comerciales para mi territorio y poner a su gente bajo mi mando. Los Blackwell no seguían a nadie; imponían sus propias reglas, por lo que el hecho de que buscaran ponerse bajo mi autoridad no cuadraba con su historia.
Se frotó el cabello con frustración y por primera vez, pude ver al hombre detrás: cansado, vulnerable, sin escudos.
Zachary lideraba una zona enorme que muchos llamaban las Tierras Oscuras o la Región Sombría. Su filosofía siempre fue la misma: no responder ante el Consejo y no vivir bajo reglas de las manadas, por lo que me costaba creer que sus seguidores aceptarían quedar bajo mi autoridad.
—Si supieran lo que se viene, lo entenderían —dijo en un tono grave—. Tenemos enemigos dispuestos a todo con tal de destruirnos, y la situación está empeorando. Ya no podemos escondernos, y temo que quieran tomar represalias.
—¿Esos enemigos podrían afectar a mi territorio? —pregunté—. No puedo poner en riesgo a los míos, no después del año que tuvimos... y menos ahora que mi compañera está embarazada.
Zachary se inclinó hacia adelante, entrelazando las manos. —Si estamos juntos, esos enemigos dejarán de ser un problema. Jamás pondría a tu compañera en peligro... así como tampoco arriesgaría a mi familia.

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