Punto de vista de Judy
—Solo digo que deberías quedarte en la casa de la manada mientras que yo me encargo de Chuck, será más seguro para ti estar aquí —insistió Gavin, con sus músculos a la vista, atrayendo mi mirada con descaro.
Era la mañana siguiente y ninguno había dormido bien, por mi parte, un extraño sentido de urgencia me mantuvo despierta toda la noche. Gavin se estaba vistiendo cuando me dijo que no creía conveniente que lo acompañara.
Jeremy nos indicó dónde estaría apostado Chuck esa mañana, y llegaría al puesto en una hora. El resto de los guerreros probablemente estaban terminando de vestirse y se reunirían en el comedor de la casa de la manada para desayunar.
Sentía un apremio por ir… necesitaba obtener lo que vinimos a buscar y volver a nuestro territorio, ya que mi loba se sentía inquieta fuera de él. Me pareció curioso que ya lo considerara su hogar.
—Me necesitarás allí. No te dejaré ir sin mí, Gavin.
—No sabemos cómo reaccionará cuando intentemos llevárnoslo o siquiera hablarle —advirtió Gavin—. Si intenta herirte, no puedo garantizar no matarlo.
Sonreí al acercarme.
—Si se acerca a mí, tampoco puedo garantizar no matarlo —le dije—. No soy una chica indefensa, Gavin. Vine porque algo en mí me dice que debo estar aquí, me insta a actuar, y no puedo ignorarlo. Necesito que estés de mi lado.
—Sabes que siempre lo estoy...
—Entonces demuéstralo —lo interrumpí—. Déjame ir contigo a buscar a Chuck.
Me miró un instante, con la comisura de sus labios temblando.
—Sé lo que haces —dijo, con diversión y adoración entrelazadas en su mirada.
Sonreí.
—¿Está funcionando?



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo al suegro de mi ex