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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 189

—Sí, presidenta Ayala, ¿se viene con nosotros? —preguntó Julián Padilla, con esa sonrisa de siempre.

Daisy Ayala negó con la cabeza, cortés pero firme.

—No, gracias. Tengo otro compromiso.

—Entonces mejor no les hago de estorbo —aprovechó Julián para salirse del plan—. Mejor dejamos la comida pendiente para otra ocasión.

Ni Oliver Aguilar ni Vanesa Espinosa intentaron convencerlo de quedarse.

Seguro sí tenían una cita.

Daisy, en cambio, solo había inventado un pretexto cualquiera. En realidad, no tenía ganas de comer con esos dos. Solo imaginarlo le revolvía el estómago.

Apenas salió de Grupo Prestige, el celular vibró. Era Fernando Vargas llamando de nuevo.

Vio la pantalla, pero no contestó.

Simplemente no tenía ganas.

En esos días, Fernando le marcaba casi a diario. Nunca le contestaba. Sin embargo, cada vez que el que llamaba era Gregorio Vargas, ella sí respondía.

Eso traía de cabeza a Fernando. En serio quería trabajar con Daisy, pero ella ni siquiera le daba la oportunidad. Su papá lo presionaba cada vez más, temiendo que alguna otra compañía de carros les ganara el trato.

El mercado de carros inteligentes avanzaba a pasos agigantados: entrar un día tarde podía significar perder la oportunidad.

Por eso Fernando andaba tan apurado.

Después de que la llamada se colgó sola de nuevo, Fernando, frustrado, mandó un mensaje al grupo.

[Familia, ¿qué hago si hice enojar a una mujer? ¿Cómo la convenzo para que me perdone?]

Luis contestó casi al instante.

[¿Neta te atreves a preguntar eso? Si tú eres el ligador por excelencia del grupo. ¿Cómo que ni una mujer puedes manejar?]

—Esta vez es diferente —respondió Fernando—. Ella no es como las demás, los trucos de siempre no le van a funcionar.

[¿A poco traes onda con alguien?] preguntó otro.

[¿Ya todos tienen algo y yo no? Yeray trae lo suyo, tú también… ¿será que tengo que ir a la Casa del Cupido a rezar? Ya aunque sea una mala racha que me toque…]

Nadie le siguió la broma a Luis.

Fernando decidió etiquetar a Oliver.

[Oli, ¿algún consejo?]

Oliver estaba cenando con Vanesa y, al ver el mensaje, respondió sin darle mucha vuelta.

Daisy revisó entre los girasoles, pero no encontró tarjeta. Ni el repartidor supo decirle de parte de quién era el ramo.

Mientras seguía preguntándose de dónde habían salido esas flores, recibió un mensaje.

Era Fernando, probablemente sabiendo que no le iba a contestar la llamada, así que escribió directo.

[¿Recibiste las flores? ¿Te gustaron?]

Daisy tardó diez minutos en responder. Luego escribió:

[Mejor pregúntale al basurero que está frente a mi oficina, seguro él sabe más.]

Fernando se quedó sin palabras.

Nunca antes había notado ese lado tan directo de Daisy.

En su mente, Daisy siempre había sido alguien fácil de manejar, sin carácter: bonita y nada más, solo un adorno más del entorno.

No entendía cómo Oliver la había aguantado siete años a su lado. Ni la mejor comida se aguanta tanto tiempo sin cansarse, pensaba Fernando.

Por eso, cuando Oliver eligió a Vanesa, le pareció lo más lógico. Al final, Vanesa era más talentosa y tenía mejor familia. Hacía mejor pareja con Oliver.

Pero ahora… Fernando empezó a arrepentirse de todos esos prejuicios que había tenido sobre Daisy.

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