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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 196

Daisy adivinó lo que Pablo estaba pensando y le mostró su gafete de trabajo, que brilló bajo la luz.

—Ahora trabajo por mi cuenta —anunció con una sonrisa.

Pablo se quedó mirando el nombre de la compañía y el cargo que aparecían en la tarjeta. A pesar de la sorpresa, pronto comprendió que tenía sentido.

Después de todo, Pablo ya conocía a Daisy y sabía perfectamente que ella era una persona con talento y visión.

Siempre le había parecido que alguien como Daisy estaba desperdiciando sus capacidades siendo secretaria de alguien.

Incluso siendo la secretaria de Oliver, le parecía que su talento se desaprovechaba.

—¡Felicidades! —le dijo Pablo con sinceridad.

—Gracias —respondió Daisy, fijando su mirada en la caja de cartón que Pablo llevaba entre los brazos. Hizo una pausa y preguntó—: ¿Tú… renunciaste a Pixel Artes Studios?

—Sí —contestó Pablo, dejando escapar una sonrisa resignada—. No coincidía con mi socio, nuestras ideas eran muy diferentes, así que mejor cada quien por su lado.

Daisy sintió compasión por él.

Pablo era una persona llena de talento y creatividad.

De hecho, fue esa misma cualidad la que la había convencido para elegir su proyecto en un inicio.

—Qué pena que hayas pasado por eso.

—¿Y ahora qué piensas hacer? —le preguntó Daisy.

Pablo movió la cabeza, negando.

—No lo sé, la verdad. Estoy bastante perdido.

Él y Ramón Ochoa habían sido compañeros y roomies en la universidad.

Cuando Pablo decidió dedicarse a desarrollar videojuegos, Ramón, que tenía buena posición económica, se ofreció a invertir.

Así, después de pensarlo un poco, decidieron asociarse para empezar el negocio juntos.

Desde el principio hubo diferencias, pero Pablo, sabiendo que Ramón era el que ponía el dinero, trató de ceder cada vez que podía, por el bien del proyecto.

Si no hubieran llegado a ese punto límite, seguramente seguirían juntos.

Daisy reflexionó un momento antes de decirle:

—Tómate un descanso. Lo más importante ahora es que te tranquilices y te recuperes.

—Sí —admitió Pablo—, me hace falta acomodar la cabeza.

Daisy sacó una tarjeta de presentación de su bolso y la dejó dentro de la caja de cartón.

—Si se te ocurre algo más adelante, puedes contactarme.

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