—¿Tienes tiempo esta noche para cenar juntos? Quiero aprovechar para presentarte a un amigo mío —dijo Benjamín al otro lado de la línea.
Valerio sabía que, en San Martín, Benjamín solo tenía un amigo aparte de él.
Precisamente, la persona que le gustaba.
Si no fuera porque tenía planes con Daisy, probablemente habría aceptado.
Pero en ese momento, declinó la invitación de Benjamín.
—Será para otra ocasión. Ya tengo un compromiso hoy.
Benjamín solo respondió que lo sabía y colgó de inmediato.
Sin perder tiempo, marcó otro número. Cuando la otra persona contestó, su tono fue completamente distinto: mucho más cálido y cercano.
—¿Ya saliste?
—Voy llegando a la puerta —respondió Vanesa, mientras caminaba hacia la salida.
—Espérame ahí —dijo Benjamín antes de terminar la llamada y bajarse del carro.
Tomó su paraguas y fue corriendo hasta la entrada para recibir a Vanesa.
En ese momento, un carro rojo dio la vuelta en la glorieta frente al edificio. Vanesa alcanzó a ver a Valerio y Daisy dentro, platicando animadamente y riendo.
De inmediato, el ceño de Vanesa se frunció.
Pero al ver a Benjamín llegar con el paraguas para protegerla de la lluvia, su expresión cambió en un parpadeo. Sonrió como si nada pasara, mostrando la mejor de sus caras.
—Qué bueno que llegaste.
...
Después de la cena, Valerio llevó a Daisy de regreso a su departamento.
—Perdón por haberte dado tanta lata hoy —dijo Daisy, un poco apenada.
Valerio negó con la cabeza.
—No fue ninguna molestia. Al contrario, me alegra poder ayudarte. Ojalá me des más oportunidades como esta.
Daisy siempre había sabido que Valerio era directo con lo que sentía. Apenas era la segunda vez que se veían y él ya le había confesado sus sentimientos.
Pero ella, en ese momento, no estaba para enredos amorosos. Por mucho que agradeciera su sinceridad, solo podía decepcionarlo.
Al despedirse de Valerio, Daisy subió a su departamento.
Todavía era temprano, así que decidió ponerse a trabajar un poco más.
La junta de presupuesto estaba a la vuelta de la esquina y no podía relajarse ni un segundo.
Apenas encendió la computadora, su celular vibró con una notificación de mensaje.
El remitente era Oliver.
Otra vez dándose a notar como si nada.
[Quítame del bloqueo de WhatsApp.]
Ni ganas de contestar. Daisy ni siquiera abrió el mensaje, solo aventó el celular a un lado.

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