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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 270

—¿Quién te mandó a ser tan impulsiva en ese momento? Bien sabes cómo es Daisy, no deja pasar ni una.

Jazmín se sintió dolida por el regaño y bajó la mirada.

—Es que no aguanté más, de verdad me enojé... además, yo solo estaba defendiendo a mi prima.

Vanesa hojeó la carta del abogado y suspiró. Daisy exigía una disculpa pública de Jazmín y, además, una compensación por los daños.

El dinero no era tanto problema, pero la disculpa pública... eso sí que traería consecuencias.

Vanesa guardó silencio unos segundos, buscando las palabras.

—Mira, mejor ve tú misma a Cosmovisión Financiera Guaraní y pídele disculpas a Daisy en persona.

—¡No quiero! —Jazmín casi dio un salto—. ¡No me pienso humillar así!

—¿Acaso ya no quieres casarte con un rico? —Vanesa le lanzó una mirada seria—. ¿Tienes idea del escándalo que sería una disculpa pública?

Jazmín se quedó callada, apretando los labios.

—Entiendo tu coraje, créeme que yo tampoco lo paso, pero ahorita no es momento de pelear. Daisy está en la cima, enfrentarse a ella es como querer romper una roca con un huevo.

—¿Entonces qué hago? —preguntó Jazmín, casi al borde de las lágrimas.

—Por ahora, aguanta. Hoy no podemos hacer nada, pero eso no significa que nunca podremos. Ya veremos cómo darle la vuelta más adelante.

En los ojos de Vanesa, se asomó una decisión dura, casi oscura.

...

Al final, Jazmín fue personalmente a Cosmovisión Financiera Guaraní para buscar a Daisy y ofrecerle disculpas.

Pero ni siquiera la dejaron verla. Daisy ya había dejado instrucciones con Miguel para que le transmitiera el mensaje.

Miguel le indicó que debía pararse en la entrada y repetir doscientas cincuenta veces: “Perdón, Daisy”.

Él mismo la vigiló y hasta grabó un video para Daisy.

Daisy, al recibir el video, no se sorprendió tanto como podría parecer. Era claro que para Vanesa, la imagen valía más que el orgullo.

...

Arrancó una nueva semana, el clima estaba perfecto, con flores y un cielo despejado.

Daisy fue al gobierno para seguir gestionando el proyecto. No esperaba que quien la recibiera fuera Valerio Becerra.

—Solo por si acaso lo necesitas.

Así que él ya lo había pensado de antemano.

Daisy pudo percibir el esmero de Valerio. Atento, caballeroso y con buen porte. Además, atractivo y exitoso.

Quizá, si jamás hubiera tenido una relación, podría haber caído por alguien así. Pero después de lo vivido, el amor le parecía algo que siempre terminaba igual: solo una experiencia más.

En los momentos en que más necesitó cariño, nunca lo recibió de verdad. Y ahora, aunque recibiera amor, ya no le daba importancia.

No aceptarlo era su forma de no ilusionar a nadie, y también de ser honesta consigo misma.

Valerio era listo: siempre sabía hasta dónde llegar, nunca cruzaba la línea ni la incomodaba. Por eso, jamás le preguntaba por nada personal.

—Vamos, ya tengo hambre —dijo él, tomando con naturalidad la sombrilla de Daisy para abrirla y protegerla del sol.

Daisy se relajó; caminaron juntos, platicando y riendo como si fueran una pareja de toda la vida.

A lo lejos, un carro plateado pasó a toda velocidad.

Sentado en el asiento trasero, Oliver vio la escena a través de la ventana. Solo fue un instante, pero la imagen quedó grabada en su mente, imposible de borrar.

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