Después de que Daisy negociara con Consorcio El Faro, ellos prometieron que, de ahora en adelante, se comunicarían de manera más clara y directa durante las futuras colaboraciones.
Aquella tarde, en cuanto Daisy llegó a la empresa, Miguel se le acercó con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Ya está todo listo con la casa!
La eficiencia de Miguel dejó a Daisy tan sorprendida que no pudo evitar soltarle un par de halagos.
—Sabía que te ibas a cambiar, así que estuve pendiente todo este tiempo —comentó Miguel, orgulloso.
Al salir del trabajo, Daisy fue a ver la casa. Era justo lo que le gustaba: un departamento amplio, con mucha luz y espacio.
Según le contó Miguel, originalmente el dueño había remodelado ese lugar para que fuera la casa de su hijo cuando se casara. Pero las cosas no salieron como pensaba… El hijo acabó confesando que era gay.
Molesto, el dueño decidió poner la casa en venta por internet. Solo que, con la caída de los precios en estos dos años, nadie quiso comprarla. Al final, tuvo que ponerla en renta, mucho más barata de lo que esperaba.
La renta era apenas el doble que la del pequeño departamento donde vivía Daisy antes, pero este nuevo lugar era enorme, tenía una vista preciosa y acababan de remodelarlo.
En cuanto lo vio, Daisy se enamoró del sitio y de inmediato decidió rentarlo.
La mudanza fue, para ella, una oportunidad de soltar el pasado y empezar de nuevo. Se deshizo de un montón de cosas viejas y, al terminar, sintió una ligereza que no recordaba desde hacía mucho tiempo.
El sábado en la mañana, Miguel contrató una mudancera para llevar todas las cosas al nuevo departamento. Cuando terminaron de cargar todo en el camión, Daisy le pidió a Miguel que se adelantara al nuevo lugar; ella iría un poco más tarde.
Miguel le preguntó adónde iba.
—Tengo que ocuparme de algo —respondió Daisy, sin dar detalles.
Una vez que Miguel se fue, Daisy, sola, caminó hacia el lago artificial al lado de la colonia. No era mucha distancia, pero para ella, ese trayecto pareció eterno.
El día estaba nublado y corría una brisa suave.
Daisy se quedó parada junto al lago unos minutos. Luego, apretó con fuerza lo que llevaba en la mano y, de repente, lo lanzó con todas sus fuerzas hacia el agua.
Era la última cosa que la unía a Oliver. Y también, algo que él jamás sabría que existió.
...
A mediados de marzo, la ciudad se llenó de luz y los árboles florecieron, anunciando la llegada de la primavera.
Daisy y Andrés habían sido invitados al foro de empresarios del primer trimestre, organizado por el gobierno.
Apenas llegaron al lugar del evento, se toparon con una cara conocida.
Era Fernando, acompañado de Luis.



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