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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 281

—Pues así quedamos tú y yo para disfrutar nuestro propio mundo, y ustedes dos se van de cita —dijo Azucena con una sonrisa pícara.

Vanesa, entendiendo perfectamente que Azucena le estaba dando la oportunidad, decidió seguirle el juego.

—Me parece bien. Ustedes quédense a cenar, Oli y yo vamos a dar una vuelta.

Oliver no puso objeción alguna.

Él siempre solía dejarle a Vanesa la última palabra.

Antes de que Vanesa saliera, Azucena, asegurándose de que nadie más la viera, le pasó discretamente algo a escondidas de los otros.

Vanesa, al mirar el objeto, se sonrojó de inmediato.

—¡Mamá!

—Más vale prevenir que lamentar —le insinuó Azucena con una mirada traviesa.

Vanesa solo pudo guardar el objeto a escondidas en su bolso, se despidió de ambos y salió junto a Oliver.

En cuanto los hijos se marcharon, la sonrisa se borró del rostro de Azucena.

Empujó a un lado la salsa que Gabriel le había preparado y, con un tono entre interrogatorio y reclamo, le soltó:

—A ver, dime la verdad: ¿por qué de repente te dio por querer comer guiso hoy?

Gabriel, sin perder la calma, tomó un poco de comida con el tenedor, se llevó un bocado a la boca y, solo después de saborear y masticar, respondió tranquilamente:

—Se me antojó y ya. ¿Hace falta tanto rollo para eso?

Azucena lo observó fijamente, como tratando de leerle el pensamiento.

Pero Gabriel se mantuvo completamente tranquilo, enfocado solo en comer.

Al final, Azucena solo pudo bufar con disgusto y le recordó, con voz seria:

—No creas que no sé lo que traes en mente. Y tampoco se te olvide que si has llegado hasta aquí, es gracias a mí.

...

Mientras tanto, Daisy llevó a Cintia a su cafetería favorita, esa donde siempre sirven una sopa de cebolla deliciosa.

Durante la comida, Daisy notó que Cintia estaba distraída, ausente, como si su mente estuviera en otro lado, así que le preguntó si se sentía mal.

Cintia negó rápido.

—No, estoy bien, ¿no viste los resultados de mi chequeo? Todo salió perfecto.

—¿Entonces por qué andas tan distraída? Desde que salimos del restaurante de guisos andas así.

—No te pongas tan paranoica.

Daisy deseó que fuera solo su imaginación.

Después de terminar de comer, Daisy llamó al mesero para pedir la cuenta, pero este le informó que ya estaba pagada, cortesía de un señor de apellido Becerra.

—Deberías darte la oportunidad de salir con alguien. El amor es algo hermoso. Lo mejor de una relación es cuando sabes que él te quiere, te cuida, te busca...

—¿Y por qué tú nunca tuviste pareja? —reviró Daisy.

—Porque me daba miedo que no te trataran bien.

Cintia nunca le faltaron pretendientes, pero nunca aceptó a ninguno, preocupada por no afectar el crecimiento de Daisy.

El corazón de Daisy se suavizó al escuchar eso.

Aunque creció en una familia monoparental, jamás sintió que le faltara amor.

El cariño de Cintia siempre fue suficiente y mucho más.

...

El miércoles, la presidenta Zamora llegó a San Martín.

Daisy, haciendo espacio en su agenda para recibirla, la invitó a comer. Al principio, había reservado una mesa en un restaurante japonés, pero la presidenta Zamora tenía antojo de tomar unos tragos, así que cambiaron de plan y se fueron a un club social.

Cuando se encontraron, Daisy notó que la presidenta Zamora volvía a estar acompañada de un hombre distinto.

Esta vez, el estilo del acompañante era completamente diferente: un tipo joven, atlético, con ese aire salvaje de quienes buscan llamar la atención.

Ni siquiera había llegado el verano y el tipo ya andaba en camiseta sin mangas, mostrando sin pudor su cuerpo trabajado.

Ese pecho... hasta las mujeres se sentirían acomplejadas de verlo.

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