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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 297

—¿Qué? —Juan apretó tanto el volante que las palmas le sudaban.

Antes de que Oliver respondiera, la puerta del carro de adelante se abrió y Andrés bajó, alejándose solo para tomar aire.

Solo entonces la tensión que rodeaba a Oliver pareció disiparse un poco.

Con voz apagada, sin mostrar emoción alguna, soltó:

—Ya no pasa nada.

Si Andrés hubiera tardado unos segundos más en bajarse, ese carro se habría estrellado hoy, sin duda.

...

A la mañana siguiente, apenas llegó Daisy a la oficina, Miguel se le acercó corriendo con cara de chisme.

—¡Daisy, ¿ya viste las noticias de hoy?!

—¿Tú crees que tengo tiempo para esas cosas? —alzó la mano y le dio un golpecito en la cabeza—. ¿No andas muy fresco últimamente? Mira nomás, ni te importa que tu jefa te vea de ocioso. ¿A poco vienes a chismear en horas de trabajo?

Miguel se sobó la cabeza con una sonrisa.

—Es que este chisme está buenísimo, te lo juro. Míralo tú misma. A que en cuanto veas, también te vas a querer tomar un break para enterarte.

Daisy, intrigada por lo misterioso que sonaba, decidió echarle un vistazo.

Después de un momento, comentó:

—…Sí que está fuerte.

Y tras pensarlo, corrigió:

—¡Está fuertísimo!

Era el tipo de escándalo que te dejaba replanteando todo.

La protagonista del chisme Daisy la conocía bien: Jazmín, la prima de Vanesa.

Su exnovio, Ignacio Soria, había publicado unos videos íntimos que grabaron cuando estaban juntos.

Eso, dentro de lo que cabe, no era tan raro; se veían casos así todo el tiempo.

El problema era que esos videos los había pedido Jazmín misma.

En las grabaciones, ambos se entregaban a juegos bastante atrevidos.

Látigos, velas, esposas...

—¡Ya no quiero vivir! ¡Me voy a morir! ¡Me voy a lanzar al río! ¡Nadie me detenga!

Su mamá no encontraba cómo tranquilizarla, y parecía que en cualquier momento se le iba de las manos.

En ese instante, llegó la salvación.

—¿Qué tonterías son esas? —Azucena entró de golpe, la voz firme.

Jazmín, que siempre le tuvo respeto a su tía, se acobardó en cuanto la escuchó y, aunque seguía llorando, dejó de gritar.

Vanesa le pasó un pañuelo.

—¿Por qué fuiste tan ingenua? ¿Cómo se te ocurre grabar ese tipo de cosas con tu exnovio?

Jazmín, avergonzada hasta el fondo, apenas y murmuró:

—Yo… solo lo hice de juego. ¿Cómo iba a saber que él usaría eso para chantajearme?

—¡Qué necia eres! —Azucena la interrumpió, molesta—. Ahora sí que te cerraste las puertas para casarte con alguien de dinero. ¡Te buscaste tu propio desastre! Y como por tu culpa se cancele el compromiso de Vane y Oli, vas a ver lo que te espera.

—Ya entendí… de verdad.

Jazmín solo podía arrepentirse, pero de poco servía a esas alturas.

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