—¿Qué? —Juan apretó tanto el volante que las palmas le sudaban.
Antes de que Oliver respondiera, la puerta del carro de adelante se abrió y Andrés bajó, alejándose solo para tomar aire.
Solo entonces la tensión que rodeaba a Oliver pareció disiparse un poco.
Con voz apagada, sin mostrar emoción alguna, soltó:
—Ya no pasa nada.
Si Andrés hubiera tardado unos segundos más en bajarse, ese carro se habría estrellado hoy, sin duda.
...
A la mañana siguiente, apenas llegó Daisy a la oficina, Miguel se le acercó corriendo con cara de chisme.
—¡Daisy, ¿ya viste las noticias de hoy?!
—¿Tú crees que tengo tiempo para esas cosas? —alzó la mano y le dio un golpecito en la cabeza—. ¿No andas muy fresco últimamente? Mira nomás, ni te importa que tu jefa te vea de ocioso. ¿A poco vienes a chismear en horas de trabajo?
Miguel se sobó la cabeza con una sonrisa.
—Es que este chisme está buenísimo, te lo juro. Míralo tú misma. A que en cuanto veas, también te vas a querer tomar un break para enterarte.
Daisy, intrigada por lo misterioso que sonaba, decidió echarle un vistazo.
Después de un momento, comentó:
—…Sí que está fuerte.
Y tras pensarlo, corrigió:
—¡Está fuertísimo!
Era el tipo de escándalo que te dejaba replanteando todo.
La protagonista del chisme Daisy la conocía bien: Jazmín, la prima de Vanesa.
Su exnovio, Ignacio Soria, había publicado unos videos íntimos que grabaron cuando estaban juntos.
Eso, dentro de lo que cabe, no era tan raro; se veían casos así todo el tiempo.
El problema era que esos videos los había pedido Jazmín misma.
En las grabaciones, ambos se entregaban a juegos bastante atrevidos.
Látigos, velas, esposas...


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