Los dos esperaron un rato abajo hasta que Andrés finalmente llegó y juntos entraron al edificio.
A esa hora, justo cuando la gente llegaba a trabajar y tenía que marcar su entrada, el área frente al elevador estaba abarrotada. Parecía que tendrían que esperar un buen rato para subir.
Por suerte, aún les sobraba tiempo, así que los tres se formaron como todos los demás.
Después de unos cinco minutos en la fila, de repente, la gente de atrás abrió paso y dejó libre un corredor.
La mujer delante de Daisy la jaló suavemente hacia un lado.
—Hazte a un lado, no tapes el paso, ahí viene la esposa del jefe.
Qué despliegue.
Andrés se quedó intrigado. Todo el edificio pertenecía a Consorcio El Faro, y la gente ahí también era parte del consorcio.
Entonces, esa “esposa del jefe” de la que hablaban... ¿no sería...?
Antes de que pudiera terminar de atar cabos, Andrés la vio.
Vanesa, acompañada por una secretaria y un asistente, atravesó el pasillo que todos le habían dejado. Caminó derecho hasta el elevador exclusivo para la presidencia, pasó su dedo por el lector de huellas y, solo entonces, se giró para mirar a Daisy, esperando frente al elevador común. Una media sonrisa se dibujó en su rostro.
—Si la presidenta Ayala y el director López no tienen inconveniente, pueden subir conmigo en el elevador exclusivo.
No parecía una invitación, sino más bien una manera de presumir.
Andrés estuvo a punto de rechazar, pero Daisy aceptó sin dudar.
—Gracias, directora Espinosa.
Si no costaba nada, mejor aprovechar.
Ella entró al elevador con total naturalidad y Andrés se apresuró a seguirla.
Miguel, en cambio, puso cara de fastidio y dijo que había olvidado algo en el carro, que subiría después.
Cuando las puertas se cerraron, Daisy se concentró en su celular, revisando mensajes.
Vanesa se acomodó el cabello y comentó, como si apenas le costara, aunque en realidad estaba ansiosa por hablar.
—A esta hora siempre hay mucha gente, los elevadores comunes se tardan muchísimo. Por eso siempre tomo el exclusivo.
Hasta Andrés, que a veces no captaba las indirectas, notó que Vanesa solo quería presumir.
Pero Daisy seguía absorta en su trabajo, sin prestar la más mínima atención.
La escena podría haber parecido casual, pero Daisy sospechó que no era coincidencia. Apostaba a que el bolso de Vanesa solo estaba lleno de invitaciones, y que pensaba repartirlas a todo el mundo, solo para presumir que ella y Oliver iban a comprometerse.
Eso sí… ¿acaso Vanesa no se había dado cuenta de qué día era hoy?
¿Entregar invitaciones de compromiso en el Día de los Inocentes?
Ella y Oliver, sí que eran tal para cual.
...
Cuando Daisy llegó a la sala de juntas, Fernando Vargas ya estaba ahí.
Motores del Chaco también era socio de Consorcio El Faro, y sus carros autónomos dependían completamente de los chips de procesamiento que proveía el consorcio.
Fernando tenía asignado otro asiento, pero al ver a Daisy, se mudó sin pensarlo y se sentó junto a ella.
En ese momento, ambos estaban tan enfrascados platicando sobre un proyecto que ni notaron la llegada de Oliver y Vanesa.
Cuando Vanesa vio a Fernando y Daisy conversando animadamente, su mirada se volvió cortante.
Durante un tiempo, Vanesa había intentado acercar a Fernando con Jazmín.

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