En el hospital.
El médico que le cosió la herida a Oliver era el mismo de la vez anterior.
Al ver la lesión, frunció el ceño y preguntó:
—¿Cómo es que te lastimaste de nuevo en el mismo sitio? La herida anterior era superficial y la cicatriz casi no se notaba después de sanar, pero esta vez el corte es más profundo. Seguro te va a quedar una cicatriz.
Daisy recordaba la última vez que él se había lastimado.
Había oído que fue en un accidente de auto mientras iba a una cita con Vanesa, pero no había sido grave.
Tanto así que, si no te fijabas bien, era imposible notar la cicatriz.
Curiosamente, en estos últimos meses, Daisy no se había fijado en Oliver con tanto detalle.
Si no fuera porque el médico lo mencionó, ni se habría acordado del asunto.
Daisy ladeó la cabeza para observar la herida en su frente, frunciendo levemente sus bonitas cejas.
Tenía una expresión complicada; había algo de preocupación, pero más que nada, frustración.
Oliver, adivinando lo que ella pensaba, le dijo con calma:
—Tranquila, hoy en día hay tratamientos muy buenos para las cicatrices. No te preocupes.
Daisy no respondió.
No es que estuviera preocupada por la cicatriz; simplemente le molestaba deberle otro favor a Oliver.
Después de limpiar la herida, el médico se preparó para suturar.
—Será mejor que tu novia espere afuera —le dijo a Oliver antes de empezar—. Suturar una herida puede ser un poco fuerte de ver y podría asustar a la chica.
Oliver estaba a punto de hablar.
Pero Daisy se adelantó a aclarar:
—No soy su novia.
Oliver levantó la vista y la miró con indiferencia.
Al final, Daisy salió de la habitación.
No regresó hasta que el médico terminó de tratar la herida por completo.
El médico no tuvo más remedio que darle todas las indicaciones a Oliver y recetarle un suero con antiinflamatorios.
Cuando Oliver salió de la sala de curaciones, su mirada buscó instintivamente a su alrededor.
Aun así, no vio a Daisy por ninguna parte.
Bajó la vista hacia la receta que tenía en la mano y esbozó una leve sonrisa. Luego, se dispuso a ir a la sala de infusiones para que una enfermera le pusiera el suero.
Apenas había dado un par de pasos cuando oyó la voz de Daisy a sus espaldas.

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