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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 517

Vanesa y Benjamín respondieron casi al unísono, compitiendo por contestarle a Damián.

—Sí.

—Es el Salón A.

Al oírlo, Damián frunció aún más el ceño. Tras pensar un par de segundos, preguntó:

—¿Hay algún otro evento de lanzamiento de una empresa llevándose a cabo aquí?

La mirada de Vanesa vaciló por un instante.

Benjamín, en cambio, estaba completamente confundido.

¿Acaso Damián no había venido para el roadshow de Quórum Tech?

Ambos se quedaron en silencio, sin saber muy bien cómo responder.

—Olvídalo, mejor llamo por teléfono —dijo Damián, aparentemente perdiendo la paciencia, mientras sacaba su celular para llamar a Yeray.

No llamó a Daisy porque temía que estuviera ocupada en ese momento.

Yeray contestó y no tardó en venir a buscar a Damián.

La distancia entre los dos salones era corta, así que llegó muy rápido.

Tan rápido que Vanesa ni siquiera tuvo tiempo de recomponer su expresión.

Al ver a la pareja, Yeray asintió educadamente a modo de saludo.

Luego, le dijo a Damián:

—El evento se cambió de último momento al Salón B. Se me olvidó avisarle.

—¿Y por qué no pusiste un letrero o algo? —rezongó Damián—. ¿Qué tal si otros invitados se equivocan como yo?

—Sí lo pusimos. Y a todos los que recibieron invitación se les notificó también —respondió Yeray.

—Pues yo no vi nada afuera.

—Enviaré a alguien a que revise en un momento.

Cuando Damián ya estaba en la puerta, recordó que Benjamín seguía allí. Se dio la vuelta y le preguntó:

—¿No vienes?

—Yo vine a apoyar a una amiga —dijo Benjamín tras una breve pausa.

Damián no preguntó más.

Y así, los dos se fueron, frente a Vanesa, Benjamín y todas las personas del Salón A que en ese momento observaban a Damián.

—Hiciste lo correcto —asintió Azucena—. En todo momento, hay que dejar que el talento hable por sí mismo.

Dicho esto, Azucena regresó con el círculo de la alta sociedad.

No era de extrañar que Vanesa fuera tan brillante, teniendo una madre con principios tan sólidos.

Benjamín la admiraba profundamente. Incluso intentó consolar a Vanesa.

—Estoy completamente de acuerdo con tu forma de actuar. Tienes talento y visión. Un día, obtendrás el reconocimiento de todos.

Y añadió con desdén:

—En cuanto a los que toman atajos, su camino solo se hará cada vez más estrecho.

Azucena también les explicó la situación a las damas de la alta sociedad.

Pero al final, mencionó de pasada que Vanesa se estaba preparando para postular al posgrado del doctor Ferrer.

Las señoras quedaron muy impresionadas.

—¡Claro que sé quién es el doctor Ferrer! ¡Es extremadamente difícil que te acepte como estudiante! ¡Sus requisitos son altísimos! Solo alguien tan excepcional como la señorita Espinosa tiene el calibre para intentarlo. ¡Mi inútil hijo no le llegaría ni a los talones!

***

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