La expresión de Vanesa se quedó rígida.
Vio impotente cómo los tres pasaban frente a ella.
Y luego, se dirigieron hacia Daisy.
Y no solo eso, se detuvieron frente a Daisy y hablaron con ella con total amabilidad.
Damián incluso le dio unas palmaditas en el hombro a Daisy, sonriendo y asintiendo, como si estuviera satisfecho con algo.
Después, Mario también le dio unas palmaditas en el otro hombro.
En su rostro, habitualmente frío, había un toque de calidez.
Vanesa observó desde lejos cómo Daisy estaba rodeada por esas grandes personalidades.
Apretó los puños inconscientemente, sin darse cuenta de que se estaba clavando las uñas en las palmas hasta lastimarse.
Esa era una atención que ella nunca había recibido.
Incluso Luis comentó:
—¡Qué demonios! ¿Por qué Daisy siempre se gana a los viejos? ¿No dicen que más sabe el diablo por viejo? ¿Dónde quedó su buen juicio?
Vanesa tenía la cabeza hecha un lío.
Por suerte, Oliver habló a tiempo para estabilizarla:
—Vámonos, a la oficina del Dr. Ferrer.
¡Cierto!
Vanesa reaccionó rápidamente.
El Dr. Ferrer la había citado hoy para aceptarla como alumna.
Ya que Mario había venido, podría ser testigo de ese momento.
Eso cambiaría sus prejuicios hacia ella y también su opinión sobre Daisy.
Justo cuando Damián terminó de hablar con Daisy, ella le entregó un documento y Damián comenzó a caminar hacia la oficina.
Daisy ayudó a Mario a entrar.
Vanesa y su grupo caminaban detrás de Daisy.
En cualquier otra ocasión, ella sin duda habría rebasado a Daisy para ir adelante.
Pero esta vez, tenía que ceder el paso por Mario.
Luis, que solía ser el más ruidoso, ahora estaba callado, caminando atrás sin decir ni pío.
Manuel avanzó unos pasos, volteó y al ver que Benjamín se quedaba atrás, le gritó:
—Benjamín, ¿por qué vas tan lento? Vente para adelante.
Benjamín, cabizbajo, no respondió.
La oficina de Damián era independiente y muy espaciosa.
Aunque había entrado mucha gente, no se sentía apretada.
Él saludó a todos de manera sencilla:

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