Cuando Manolo empujó la puerta para entrar, Simón estaba sujetando la barbilla de Vanesa obligándola a beber.
Ella apenas había logrado beberse cinco vasos y ya no podía más.
Pero a Simón no se le había pasado el coraje y no pensaba dejarla ir, así que procedió a emborracharla a la fuerza.
Vanesa no podía tragar tan rápido; tenía la cara y la ropa empapadas de alcohol derramado, viéndose totalmente miserable.
—Te di una oportunidad, tú fuiste la que se puso de digna —le gritaba Simón, a punto de vaciarle otro vaso en la boca.
De repente, alguien le agarró la muñeca.
—Oye tú, ¿no sabes tratar a las damas?
—¿Quién eres tú? —Simón volteó furioso.
Pero al ver quién era, retrocedió asustado.
—Señor Villalobos...
—Tsk, Simón Meneses, ¿por qué sigues siendo tan vulgar? Mira cómo dejaste a la pobre chica...
Mientras hablaba, Manolo tomó unas servilletas de la mesa e intentó secarle la cara a Vanesa.
—Yo puedo sola —Vanesa tomó las servilletas y agachó la cabeza para limpiarse el desastre.
Simón, que hace un momento estaba tan bravo, ahora frente a Manolo parecía un perro regañado; se le acabó la valentía.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Manolo con tono despreocupado.
—Solo cobrando una deuda. Señor Villalobos, usted sabe a qué me dedico —dijo Simón encorvándose y sonriendo nerviosamente.
—Pues qué modos tan brutos, ¿es necesario? ¿Por cuánto dinero estás acosando así a la gente?
—Trescientos millones.
—Pues no es poco.
Simón se puso a adularlo.
—Señor Villalobos, para usted trescientos millones son cambio suelto.
—No me hagas la barba. La próxima vez que te vea tratando así a una mujer, no respondo. Ya sabes que no soporto ver que abusen de las mujeres, especialmente si son bonitas.
—Sí, sí, claro que sí.
—¿Y qué sigues haciendo ahí parado? ¡Lárgate!
Así, Simón se esfumó.
Vanesa ya se había limpiado un poco, aunque seguía viéndose algo desaliñada.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar