Damián también intervino:
—Señorita Espinosa, uno debe hacerse responsable de sus actos.
Incluso el maestro Mendieta, que antes tenía en alta estima a Vanesa, negaba con la cabeza:
—¡De verdad, las apariencias engañan! ¡Es una vergüenza para el mundo académico!
Una tras otra, las acusaciones hicieron que a Vanesa le zumbaran los oídos.
Las miradas de todos estaban llenas de desprecio y repulsión.
Como si fuera una rata callejera...
Acostumbrada a la altivez, Vanesa no podía soportar una caída tan brutal.
Luchó por levantarse, cubriéndose la cara, queriendo huir.
Tal como dijo Daisy, quería volver a esconder la cabeza como un avestruz.
Pero esta vez, Benjamín no le dio oportunidad.
Le bloqueó el paso y la cuestionó con una voz casi cruel:
—¡Hace una hora la Escuela de Negocios Wharton publicó un comunicado cancelando tu título y anunciando que tomarán acciones legales por el plagio de tesis y resultados de investigación!
—Además, la señora Navarro ha expuesto públicamente tu relación ilícita con William, incluyendo muchas fotos y videos íntimos, así como chats privados entre ustedes.
Los ojos de Vanesa se inyectaron de sangre de golpe.
Pero sus labios estaban mortalmente pálidos.
—Me das asco —dijo Benjamín con ojos cargados de hielo afilado.
Esas simples palabras se clavaron en el pecho de Vanesa.
Perdió todo color en el rostro.
Ese momento fue un golpe más doloroso que la muerte.
Benjamín retrocedió medio paso y los reporteros se abalanzaron al instante, rodeando a Vanesa.
Ya no tenía escapatoria.
Infinidad de preguntas estallaban en su cabeza; la escena era un caos.
Forcejeaba, sentía ira, desesperación...
Su cabello y su ropa estaban deshechos.
Antes de que Daisy contestara, Damián intervino alegremente:
—Eso no es problema para ella. A más tardar en la primavera del próximo año podrá ingresar a Wharton.
Tras las exclamaciones de asombro, la admiración por Daisy creció aún más.
—¡La señorita Ayala es una ganadora en la vida! ¡Éxito en los negocios y en los estudios! Escuchamos que la próxima semana tocará la campana de salida a bolsa en Isla Palmera, ¡felicidades!
Daisy curvó los labios levemente.
—Gracias.
—¿Y en el amor? ¿La señorita Ayala ha encontrado a alguien especial? ¿Para cuándo un romance de verdad?
Esa era la pregunta inevitable para toda mujer empresaria.
Era bastante injusto, ¿por qué no le preguntaban eso a los hombres?
¿Acaso las mujeres debían estar confinadas al pequeño mundo de las relaciones sentimentales?
Daisy sonrió con calma ante la cámara:
—Prefiero el dinero contante y sonante al amor verdadero.

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