—Dime directamente, ¿por qué no vino Oliver? —Vanesa sabía que estaba perdiendo la compostura, pero ya no le importaba su imagen.
Cada segundo en ese lugar era una tortura; sentía que se estaba volviendo loca.
¡Solo quería salir de ahí!
¡No quería estar ni un segundo más!
—¿Sabes por qué William confesó de repente su aventura contigo? —Benjamín seguía sin responder a su pregunta.
Vanesa lo fulminó con los ojos enrojecidos.
—¿Por qué?
Había estado liada con William durante cinco años, así que sabía qué clase de persona era.
Si no, no se habría atrevido a jugar esos juegos pervertidos con él.
—Porque le di una paliza —dijo Benjamín reclinándose un poco, con una expresión entre risueña y severa que irradiaba una amenaza feroz.
—Cuando confirmé que habías plagiado la tesis de tu compañera, inmediatamente pensé en tus publicaciones anteriores. Volé a la escuela de negocios para confrontar a William. Ese hombre estaba bastante obsesionado contigo; no soltaba prenda. Así que le di una buena tunda hasta que suplicó piedad desde el suelo. Al final, escupió todo sobre su relación.
Benjamín hizo una pausa y soltó una risa burlona.
—Ese viejo rabo verde realmente te quería. Incluso en esa situación, se negó a entregar pruebas contundentes. Tuve que ir con su esposa para conseguir la evidencia.
—De verdad que... no tienes filtros. Eres capaz de meterte con un viejo así.
Él había visto los videos con antelación.
Aún al recordarlos, sentía asco. Ganas de vomitar.
Y pensar que le había gustado una mujer tan sucia durante cuatro años.
Se sentía como si hubiera comido algo podrido; le provocaba una repulsión física.
Los ojos de Vanesa ardían y sentía que le temblaban las entrañas.
Al ver a Gabriel, Vanesa se quebró. Lo llamó entre sollozos:
—Papá, sácame de aquí, contrata al mejor abogado, ya no quiero estar aquí. ¡No sabes lo horrible que es! Muchas personas duermen en el mismo cuarto, huelen mal y son ruidosas. No me atrevo a decirles nada porque me hacen bullying, no me dejan dormir, me obligan a estar parada sola, me bajan los pantalones... ¡Me voy a volver loca! Papá, por favor, sácame rápido...
Terminó llorando desconsolada, en el estado más lamentable posible.
Sin embargo, Gabriel la miraba llorar con total calma, sin responder.
Vanesa lloraba sin aliento. Pasó un buen rato hasta que notó que la reacción de Gabriel no era normal. Entre hipidos, lo llamó:
—Papá, ¿me estás escuchando?
La expresión de Gabriel era sombría.
—Yo no soy tu padre.

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