Daisy se tomó un momento antes de responder a esa pregunta.
—No creo.
Primero, ya no tenían nada que ver. Se habían desconectado por completo.
No tenía justificación ni necesidad de ir a verlo.
Segundo, aunque fuera, no cambiaría nada.
Si él realmente cometió el delito, debía enfrentar el peso de la ley.
Si era inocente, la justicia se encargaría de limpiar su nombre.
Al escucharla, Benjamín soltó un suspiro de alivio.
—Haces bien en no ir. Este caso es una bomba, hay demasiada gente involucrada. Cualquiera que no sea familia directa y vaya a visitarlo queda bajo la lupa. Es meterse en problemas de a gratis.
Daisy sabía que era grave, pero no imaginaba que tanto.
—Menos mal que saliste de Grupo Prestige a tiempo y cortaste lazos con Oliver —añadió Benjamín—. Si te hubieras quedado medio año más, seguro te tocaba una investigación larga y tediosa. Dicen que todo el departamento financiero de Grupo Prestige sigue declarando hasta la fecha.
Tras el comentario de Benjamín, el silencio se apoderó del auto.
Daisy se quedó mirando el paisaje que pasaba velozmente por la ventana, perdida en sus pensamientos.
***
Fernando y Luis habían solicitado la visita a Oliver con un mes de antelación.
Después de pasar por mil filtros de seguridad, por fin les dieron luz verde.
Era la primera vez que veían a Oliver en ocho meses.
Estaba más delgado y le habían rapado el cabello.
Lo lógico habría sido verlo derrotado, deprimido.
Pero lucía increíblemente tranquilo.
Incluso aquella mirada afilada que solía tener había desaparecido.
Solo había calma. Una calma absoluta.
Luis sintió un hueco en el estómago. Pensó que tal vez el encierro había afectado a Oliver y por eso reaccionaba así, como ido.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar