El Tigre! Y para Oliver, cadena perpetua».
«Hay otros diez implicados más o menos. A la mitad le dieron pena de muerte, y al resto cadena perpetua o veinte años. Se armó un terremoto en la política».
Decir terremoto era quedarse corto.
Lo crítico era que «El Tigre» había conseguido libertad bajo fianza hacía poco por supuestos problemas de salud.
A saber qué pasaría en la apelación.
La atención de Daisy se clavó en las palabras «cadena perpetua».
Apretó el celular con fuerza.
Un momento después, llamó a Mario.
Trató de que su voz sonara normal.
—¿No salías hoy para tu viaje de estudios?
Mario se preocupó por ella en cuanto contestó.
—Sí, estoy en el aeropuerto —dijo Daisy controlando sus emociones—. Solo quería llamarle antes de despegar para avisarle.
—Vete tranquila a estudiar, no te preocupes por mí. Yo estoy bien.
Daisy sintió un nudo en la garganta. Se aguantó las ganas de llorar y, a duras penas, logró responder con calma:
—Está bien. Cuídese mucho. Regresaré a San Martín en las vacaciones y pasaré a verlo.
—De acuerdo.
Daisy no se atrevió a decir más y se despidió rápido.
Si seguía hablando, se iba a quebrar.
No sabía cómo consolar a Mario.
—Daisy.
Apenas había logrado calmarse cuando escuchó que alguien la llamaba.
Al levantar la vista, vio a Benjamín plantado frente a ella.
Llevaba una chamarra negra tipo rompevientos, una mochila grande al hombro y la miraba con una sonrisa ladeada.
—¿Tú qué haces aquí...? —preguntó Daisy, desconcertada.
Benjamín sacó de su mochila una carta de aceptación para el posgrado en Wharton y se la mostró.
Daisy se sorprendió.
—¿En esto has estado ocupado todo este tiempo?
—Así es —asintió Benjamín con seguridad.
Desde que supo que Daisy iba a hacer el doctorado en Wharton, él se puso a tramitar su ingreso a la maestría en la misma escuela.
—¡Misión aceptada! —respondió Benjamín con firmeza.
Manolo agregó otra advertencia:
—¡Y ojo, cuídala de que no se la vaya a robar algún guapo por allá!
—Enterado.
Daisy se quedó pensando: «¿???»
¿Qué tiene de malo un guapo?
¡Es buena genética!
¡Hasta podría salir un bebé mestizo precioso!
Claro que no se atrevió a escribirlo, porque sentía que si lo hacía, Manolo se aparecía en su puerta al día siguiente.
Mejor se guardó el pensamiento.
Casi al mismo tiempo, Camila Benítez le mandó un mensaje privado:
«¡Mana! Dicen que los gringos son unas fieras en la cama. ¡Aprovecha y pruébate a varios!»
Daisy: «...»
Tener amigas así es una bendición de Dios.

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