El pasillo afuera de los reservados estaba tranquilo, no había nadie.
Oliver caminaba rápido.
Luis salió corriendo detrás de él y tuvo que trotar para alcanzarlo: —Oli, ¿te cayó mal el alcohol? ¿Quieres ir al médico?
—No.
Se detuvo un momento, y Luis casi choca con él.
Oliver volteó a verlo: —No me sigas.
—Pero... —Luis estaba visiblemente preocupado.
—Sé lo que te preocupa, pero últimamente no tengo esas intenciones —le dijo Oliver con claridad.
Sin esperar a que Luis preguntara por qué.
Siguió hablando por su cuenta: —Daisy va a dar un ciclo de siete clases en la Universidad San Martín. Voy a ir a escucharlas.
—No me vengas a molestar.
Luis: —......
¡Entendido!
Asintió de inmediato: —¡Está bien! Pero acabas de beber, no manejes. Le diré al chofer que te lleve.
Así de paso sabría dónde vivía.
Pero Oliver rechazó la oferta sin piedad.
—Pediré un taxi.
Tras decir eso, Oliver se dio la vuelta y se marchó, dejando a Luis solo con la vista de una espalda que lucía algo fría.
Pero esta vez no estaba tan nervioso.
Tampoco le preocupaba que Oliver hiciera alguna locura.
¡Podría estar tranquilo un buen rato!
***
Las clases de Daisy estaban programadas para los lunes y miércoles por la tarde.
Horario estelar.
Y el momento con más estudiantes.
Sumado a los títulos, experiencia y fama de Daisy, los lugares se llenaron desde temprano.
Por suerte, Oliver llegó antes.


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