Era una cena de caridad organizada por la fundación que la difunta señora Ferrer había creado.
Este año, InnovaMex era el patrocinador.
Ya fuera como la persona de mayor confianza de la señora Ferrer en su momento, o como la actual responsable de InnovaMex, ella debía asistir a ese evento.
—Adicta al trabajo —se quejó Camila.
—Yo me encargo de ganar dinero para la casa y tú te encargas de verte bonita, ¿no te parece un buen trato?
Camila se rió.
—Pues claro que sí.
—¿Y tú? ¿Cómo vas? —le preguntó Daisy.
—¡Estoy muy bien!
Para demostrarlo, soltó un grito de alegría al otro lado de la línea.
—¡No sabes lo curativa que es Isla Palmar! ¡Hasta aprendí a pescar en alta mar! ¡Es divertidísimo! Hace dos días pesqué un atún aleta azul. ¿A poco no soy genial?
Daisy se contagió de su buen humor a través del teléfono.
—¡Eso es todo, *amiguita*! Luego me enseñas las fotos para que me de envidia.
—¡Dalo por hecho! —prometió Camila golpeándose el pecho.
Al final, suspiró y dijo:
—Daisy, qué bueno que te tengo.
»Tú me salvaste, Isla Palmar me salvó. Ahora siento que el mundo es maravilloso y que cualquier persona o cosa que me quite la felicidad, ¡que se vaya al diablo!
—Isla Palmar no te salvó, fuiste tú quien se perdonó a sí misma estando allá.
Tal como ella se lo había dicho a sí misma alguna vez.
En algunas situaciones, no es necesario ganar; basta con poder retirarse para resolverlo.
—Sí, amar a otros más que a uno mismo... si te pasas de la raya, la vida te cobra factura.
Camila ya se había tranquilizado por completo y le dijo a Daisy:
—Ya contacté a Vicente Fonseca. Le encargué que hable con Pedro Castaño sobre el divorcio.
Una relación es como un juego de cartas.
Pedro tenía los ases en la manga y creía que controlaba el juego.
Pero se le olvidó un detalle.
Ella podía tirar las cartas y dejar de jugar.
A la fregada el amor.
A la fregada los hombres.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar