Pedro frunció el ceño.
—Mejor te llevo primero. Ella tiene amigos aquí, tú solo me tienes a mí.
—Pero Camila...
—Ahorita está encabronada, no va a escuchar nada de lo que yo le diga —Pedro se masajeó las sienes con gesto de cansancio.
Jimena también suspiró.
—Me preocupa que ese tal señor Fuentes se aproveche de la situación. La forma en que miraba a mi prima no era normal.
El comentario hizo que la mano de Pedro se detuviera un instante sobre su sien.
Luego dijo con irritación:
—Estás imaginando cosas. Es obvio que lo hace para darme celos, por eso se le pegó a Manolo.
Ya había usado ese truco antes.
Él ya se la sabía.
Así que no pensaba seguirle el juego.
Todo berrinche tiene un límite.
Mejor dejarla sola un rato, para que se le baje.
***
Después de atracarse de postres, Camila regresó al hotel y durmió a pierna suelta durante dos días.
Una vez que Daisy confirmó que su amiga estaba bien, pudo dedicarse a resolver su propio desastre.
En cuanto a qué desastre era...
Le daba vergüenza hasta pensarlo.
Habían pasado casi tres días desde el incidente, y Oliver no daba señales de vida.
Ya no aparecía “casualmente” frente a ella para llamar su atención como antes.
¿Se había rendido?
Si era así, pues qué bueno.
Pero lo que pasó esa noche seguía siendo una espina clavada para Daisy.
Le preocupaba que, si no aclaraban las cosas, eso le traería problemas después.
Al final, Daisy tomó su celular y llamó a Oliver.
Quería hablar con él cara a cara.
El teléfono dio tono.
Pero nadie contestó.
Daisy frunció el ceño al ver que la llamada se cortó sola. Se quedó intranquila.
Finalmente le envió un mensaje.

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