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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 1919

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—Jefe, están intentando despistarnos. Se llevaron el celular de Carol y se dividieron. ¿Seguimos el celular o seguimos a la persona?—

Aspen no lo pensó dos veces:

—Sigan a Carol. Manténganse cerca un rato, busquen el momento para desaparecer sin que se den cuenta. No dejen que noten que los están siguiendo.—

El guardaespaldas respondió de inmediato:

—Entendido. ¿Debemos estar atentos a los movimientos de la policía?—

Aspen frunció el ceño.

—No se preocupen por la policía. Tengo a otros vigilando eso. Ustedes enfóquense en Carol.—

Esta vez, Aspen no había querido coordinarse con la policía. No era arrogancia ni desprecio por la autoridad. Era desconfianza.

La última vez, Enrique había escapado... en una patrulla de la policía.

Aspen no sabía si había algún infiltrado en la comisaría, pero en todos lados hay gente corrupta, y lo sabía bien.

Para que el grupo de Enrique hubiera llegado tan lejos, seguro que tenía la ayuda de gente poderosa.

Sí, atraparon a varios en su momento, pero siempre quedan algunos sueltos.

Por eso, esta vez, Aspen decidió atrapar a Enrique por su cuenta, sin confiar en nadie más.

Colgó el teléfono y se quedó mirando la foto de Carol en la pantalla, frunciendo el ceño, completamente absorto.

En el fondo, sentía que estaban usando a Carol como carnada.

Aunque era lo que la policía había pedido, aunque Carol lo había aceptado sin otra opción, aunque Aspen sabía que Enrique no le haría daño antes de aparecer...

Aunque había tomado todas las precauciones posibles...

No podía dejar de sentirse culpable, inquieto, incapaz de relajarse ni un segundo.

Esta vez tenía que atrapar a Enrique, pero solo si Carol salía ilesa de todo esto.

...

Enrique era un tipo frío y meticuloso. Observaba desde lejos cada movimiento dentro del auto.

Cuando al fin lograron despistar a los hombres de Aspen, no ordenó que la sicaria llevara a Carol directamente a donde él estaba.

Siguiendo sus instrucciones a distancia, cambiaron de auto.

Mandó a la sicaria a llevar a Carol a una de sus casas, una quinta apartada que él mismo había elegido.

Al entrar, Carol se topó de frente con un vestido de novia blanco, lleno de pedrería y brillos.

—Pero si se me antoja hacerle algo a Samira y a su hijo, eso sería pan comido.—

—Si pude sacarte del hospital, también puedo hacer que Samira no salga viva de ahí, y que nadie la reconozca.—

Carol empezó a respirar agitadamente, temblando de rabia.

—¡Enrique, eres un monstruo!—

Enrique volvió a suspirar, pero su voz seguía siendo suave:

—No te alteres. Si haces lo que te pido, no les va a pasar nada.—

—Para nosotros, hoy es un día importante, no quiero que Samira venga a arruinarlo ni que estés pensando en tragedias. Por eso no la toqué todavía.—

—Pero si no me obedeces, solo tengo que dar la orden y en el hospital ya saben qué hacer.—

Carol apretó los dientes, furiosa. No estaba segura de que Enrique pudiera cumplir su amenaza, pero no podía arriesgarse.

Y hoy, tenía que lograr que Enrique diera la cara.

No podía dejar que siguiera escondiéndose.

Mordiéndose los labios, con el corazón lleno de rabia, Carol se puso el vestido de novia.

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