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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 1932

Nuevo hogar¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

—Por ahora no, pero las posibilidades de que sobreviva son altas. Desde el punto de vista médico, ya pasó la etapa más peligrosa —dijo Carol con firmeza.

Orion, que seguía sin poder contenerse, aspiró hondo y luego soltó una carcajada boba.

—¡Eso, eso, qué bueno!

Tan emocionado estaba, que de un salto se puso de pie y fue directo a abrazar a Carol.

Pero Aspen se interpuso en el camino, poniéndose justo enfrente de Carol para impedirle el abrazo.

Aunque le daba algo de lástima Orion y también le dolía verlo así, Aspen tenía bien claro que Carol era suya, y no iba a dejar que ningún otro hombre la tocara.

Orion no se molestó por eso. Si no podía abrazar a Carol, pues abrazaba a Aspen.

Y así, delante de todos, sin pensarlo dos veces, levantó a Aspen en un fuerte abrazo y empezó a dar vueltas con él en brazos.

Aspen, que medía casi un metro noventa y era bastante corpulento, se quedó petrificado y, para colmo, muerto de la vergüenza.

No pudo aguantarse y justo cuando estaba a punto de soltarle un puñetazo a Orion…

Orion, que ya no tenía fuerzas, de repente sintió que las piernas le flaqueaban y casi terminan los dos en el suelo.

Por suerte, Carol y los otros médicos corrieron a tiempo y los sostuvieron antes de que cayeran.

Como si nada hubiera pasado, Orion ni siquiera le dirigió la palabra a Aspen. Lo que le urgía era preguntar a los doctores:

—¿Puedo entrar a verla?

El médico miró a Carol, esperando una respuesta. Todos los que conocían a Nathan sabían que Carol no era doctora, pero tenía un talento increíble en medicina. Si no fuera por ella, las posibilidades de salvar a Samira habrían sido mínimas.

Por eso, el equipo médico prefería consultar con Carol antes de decidir cualquier cosa.

—Puedes entrar, pero por favor no la alteres. Quédate a su lado, acompáñala en silencio —dijo Carol con calma.

Orion asintió rápidamente.

—¡Sí! ¡Gracias, Carol!

Carol, tranquila, respondió:

—No tienes que agradecerme. Sin ti, igual hubiera hecho todo lo posible por salvar a Sami. No la salvé por ti.

Orion sonrió.

—Lo sé, pero igual quiero darte las gracias.

¿Qué importa el amor si no puede mantenerla a salvo? Mejor que se aleje, a menos que resuelva bien ese asunto.

Aspen le aseguró:

—Voy a estar pendiente de lo de María Cabello. Si Orion no lo arregla, yo mismo me encargo de él.

Carol soltó un suspiro largo.

Aspen, en tono cariñoso, le preguntó:

—¿Tienes hambre? ¿Estás cansada?

Carol llevaba trabajando desde que salió el sol hasta el anochecer, sin parar ni un segundo. Aspen no podía evitar preocuparse por ella.

—La verdad, sí tengo algo de hambre —admitió Carol.

—Te llevo a comer algo —se ofreció de inmediato Aspen.

Pero Carol negó con la cabeza:

—Espera un poco. Primero quiero subir a ver al bebé. Hace varias horas que no reviso cómo está y necesito checarlo.

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