Después de mucho rato, Carol despertó.
Apenas se movió, Aspen abrió los ojos de inmediato y le preguntó con voz suave:
—¿Descansaste bien?
Carol, bostezando, le respondió con otra pregunta:
—¿Qué hora es?
Aspen tomó el celular y le echó un vistazo rápido.
—Pasaditas de las tres.
Carol se despabiló de golpe.
—¿Las tres de la tarde?
—Ajá.
Carol no podía creerlo.
—¡¿Cómo dormimos tanto?!
Aspen se inclinó y le dio un beso, sonriendo.
—Anoche nos desvelamos bastante, estabas cansada.
Carol le lanzó una mirada de reproche.
—¡La próxima vez compórtate! No puedes estar así tanto rato.
Aspen la miró entornando los ojos y le dijo:
—Si me tienes tanto tiempo esperando, luego pasa esto. Si quieres que dure menos, entonces no me hagas esperar tanto.
A Carol se le encendieron las mejillas de lo roja que se puso.
—¿Tienes que ser tan descarado? ¡No tienes filtro para nada!
Aspen, completamente tranquilo, le contestó:
—¿Y qué? ¿Acaso tengo que andar con vergüenza delante de mi propia esposa?
Carol ya ni sabía qué decirle. Antes, él era el más orgulloso de todos.
—¿Tú también acabas de despertar?
—No, me desperté antes un rato.
—¿Y hablaste con Orion? ¿Cómo está Tesoro con él?
Aspen respondió:
—Sí, hablé con él. Todo bien.
La verdad, lo que le pasara a Orion le tenía sin cuidado. Él sabía que su pequeña estaba perfecta.
Aunque Orion se volviera loco, jamás le iba a gritar a Tesoro en la cara.
Carol no sabía cómo estaría realmente Orion, pero aún tenía fe.
—Ojalá Orion le enseñe algo nuevo a Tesoro, así mañana tengo algo que decirle a la maestra.
Aspen le dijo:
—Eso es fácil de arreglar. Mañana le dices a la maestra que Tesoro estuvo todo el día aprendiendo con su padrino.
—Si no aprendió nada nuevo, es culpa de Orion, no nuestra. Eso demuestra que él no es tan bueno enseñando.
Carol lo miró resignada.

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