—...Tesoro, lo que quiero decir es que: si tienes diez conejitos y de repente se va uno, ¿cuántos quedan?—
Tesoro, haciendo un puchero, respondió:
—Pero yo quiero saber, ¿por qué se fue uno?—
Orion se quedó sin palabras.
Samira no pudo aguantarse y soltó una carcajada.
En ese momento, empezó a entender los comentarios de las mamás y papás en internet:
Quien tiene niños pequeños en casa a los que hay que ayudar con la tarea, ¿cómo no va a terminar perdiendo la cabeza?
Solo quien lo vive, lo entiende.
Al ver que la conversación se estancaba, Samira intervino para aliviar el ambiente:
—Tesoro, ¿no tienes sed? Mira, allá te compramos algo rico para tomar.—
Tesoro miró a Samira, luego de reojo a Orion.
Al notar la cara de frustración de su padrino, preguntó:
—Padrino, ¿estás triste? Cuando mi papá me habla de estudiar, al final siempre se pone así, igualito que tú.—
—Pero, si dejamos de estudiar, papá se anima otra vez.—
—Así que mejor no estudiamos, estudiar pone triste a la gente. Si no estudiamos, Tesoro está feliz y el padrino también.—
Orion: ...
Pero él no se dio por vencido. Decidió probar con sumas.
—Tesoro, sí, estoy un poco triste. ¿Quieres hacerme sentir mejor?—
Tesoro asintió con la cabeza:
—Quiero.—
Orion dijo:
—Bueno, a ver, padrino te pregunta: ¿cuánto es uno más cinco? Si me contestas bien, me vas a alegrar.—
Tesoro empezó a contar con los dedos:
—Uno más uno, dos; uno más dos, tres... uno más cinco, ¡seis!—
—¡Eso! ¿Y uno más nueve?—
Tesoro volvió a empezar:
—Uno más uno, dos; uno más dos, tres; uno más tres...—
Orion la interrumpió:
—Tesoro, ¿no puedes contestar directo?—
Tesoro negó con la cabeza:
—No puedo.—
Orion: —... Entonces, si uno más cinco son seis, ¿cuánto es cinco más uno?—
A las once en punto:
"¿Van a venir al mediodía por Tesoro o no?"
A las once y media, le mandó un sticker de alguien llorando a gritos:
"Aspen, ven ya, no puedo con tu hija."
"Dios mío, ¡ya me estoy volviendo loco!"
"Le pongo ejercicios y no puede, se los meto en historias y en su cabeza solo hay cuentos, ¡ni un número aparece!"
"Te juro, si no fuera porque es la consentida, ya le habría dado un coscorrón. Si fuera Nano, ya lo habría regañado fuerte."
"Te lo digo con el corazón en la mano, quiero a Tesoro como si fuera mía, y a ti como a un hermano, haría lo que fuera por ustedes."
"Pero si me vuelves a pedir que le enseñe sumas y restas a Tesoro, te borro de mi vida, ¡te bloqueo!"
Aspen entrecerró los ojos: ...
Sabía perfectamente cómo se sentía Orion: frustrado, desesperado, sin palabras y con ganas de gritar.
Lo había vivido tantas veces que ya le causaba gracia.
Aun así, con toda la calma del mundo, guardó el celular como si nada y abrazó a su esposa para seguir disfrutando del descanso.
Después de todo, ser padrino no era gratis.
Si Tesoro lo llamaba padrino, tenía que poner de su parte.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...