Carol: —...—
Tania ya estaba pegada al teléfono, corriendo hacia la ventana.
Abrió la cortina y miró afuera.
Ya era de noche. Solo los faroles de la calle lanzaban una luz tenue, y no se veía ni la sombra de Gael.
Tania no lo pensó más y se fue directo a la puerta.
Rafael y Beatriz estaban afuera, uno recogía la cocina y la otra andaba trapeando la sala.
Al verla salir, Rafael le preguntó de inmediato:
—¿Qué pasa, Tania?
Beatriz también salió de la cocina, con el delantal puesto:
—¿Te sentís mal otra vez?
Tania se quedó quieta un segundo y luego negó con la cabeza, apurada:
—No, no... es que tengo un antojo, quiero comer algo de fruta.
Rafael reaccionó enseguida:
—¿Te sirve una naranja?
Tania asintió:
—Sí, está bien.
—Entonces ve a acostarte, yo te la llevo pelada al cuarto —dijo Rafael.
Tania regresó a su habitación, aunque el corazón casi se le salía de la emoción.
Quería bajar a buscar a Gael, pero no quería que sus papás se enteraran.
Si ellos se daban cuenta, seguro que no la dejaban salir.
Pensó en llamarle a Gael o mandarle un mensaje para saber qué onda, pero temía que si lo hacía él se iría de inmediato.
¡De verdad hacía muchísimo que no hablaba bien con él!
Esta vez quería aprovechar la oportunidad para tener una charla cara a cara.
Tania esperó y esperó. Ya pasaban de las once de la noche cuando por fin logró que Rafael y Beatriz se durmieran.
Se puso su abrigo, agarró unos sobres de comida para gatos y salió despacito, tratando de no hacer ruido.
Apenas cruzó la puerta del edificio, Gael la notó de inmediato.
Fruncía el ceño, con cara de extrañado, pensando qué hacía Tania afuera a esa hora en vez de estar descansando en casa. Y encima, toda sigilosa.
Tania se detuvo en la entrada, mirando a todos lados.
Era como si él no estuviera ahí.
Aunque no le sorprendió mucho. Al fin y al cabo, ella era una chica normal, y Gael tenía habilidades que casi nadie. Si él no quería que lo vieran, seguro que nadie lo encontraba.
Tania, medio frustrada, pensó un rato y decidió ir hacia la esquina donde en el día había encontrado a unos gatitos, justo en el área donde tiraban escombros de construcción.
Ese rincón no tenía luz, así que se veía oscuro y daba un poco de miedo.
Aun así, Tania se armó de valor y fue para allá.
Gael la seguía a varios metros, cada vez más preocupado.
No entendía por qué tenía que salir a buscar gatos justo a medianoche. Encima, estaba enferma y no debía andar en la calle con ese frío. Y si le pasaba algo, ¿qué iba a hacer ella sola?
Mientras pensaba cómo asustarla para que volviera a casa, Tania lo sorprendió a él primero.
De repente, Tania soltó un grito y se desplomó en el piso.
Gael sintió que el corazón se le paraba y corrió hacia ella.
Con la oscuridad ni siquiera pudo ver bien qué le había pasado. Solo vio que se había caído y ya no se movía.
Desesperado, se agachó a su lado para ver si seguía respirando.
En ese momento, Tania le agarró la muñeca de golpe.
¡Por fin lo tenía atrapado!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...