Carol explicó con paciencia:
—Aunque Sebastián no es perfecto, si tuviera que elegir, la verdad es que él le va mejor a Tania.
Aspen suspiró profundamente.
—A mí me cae mejor Gael, pero si Tania termina con Sebastián, de corazón les voy a desear lo mejor.
Carol sonrió, llena de ternura.
—Y si Gael se queda solo toda la vida, no te preocupes, todavía tenemos a Laín, Ledo, Luca, Miro y a la pequeña Tesoro.
—Gael es el tío de todos ellos, ¿crees que esos niños lo van a dejar solo para siempre? —bromeó Aspen.
—Además está Abel —agregó Aspen—, cuando seamos viejitos, seguro ellos se hacen compañía.
Carol se rió.
—Si Gael termina soltero será por su carácter, no como Abel, Abel es un encanto.
Aspen insistió:
—El carácter no lo es todo, para casarse también hay que tener suerte. Mira yo, por ejemplo, ¡tuve suerte y tengo esposa! —dijo muy orgulloso.
Al ver su cara de felicidad, la sonrisa de Carol se volvió aún más radiante.
De repente, toda la amargura que tenía guardada desapareció como si nada.
Carol se acercó y le dio un beso rápido a Aspen.
Él, ni lento ni perezoso, tragó saliva y quiso corresponderle.
Pero Carol ya estaba lista para esquivarlo, le sujetó el brazo y se bajó de la cama antes de que él la atrapara.
Con Aspen era así: bastaba una provocación para que no se controlara. Si la atrapaba, sabía que no iban a salir bien parados.
Aspen, molesto por no conseguir lo que quería, le reclamó con voz de niño mimado:
—Amor, no seas mala...
Carol se rió y le contestó:
—Hoy no tengo tiempo para consentirte, voy a visitar a Tania al hospital.
Dicho esto, se fue directo al baño a lavarse la cara.
Aspen la siguió y la acorraló contra la puerta de vidrio, le levantó el mentón y la besó, intenso, sin dejarla respirar.
Un beso de esos húmedos y descarados.
Carol, totalmente incrédula, le recriminó:
Cerró la ventana con cuidado, caminó de puntitas hasta la puerta, la trabó con el seguro y luego se giró hacia Samira.
Ella no podía creerlo y le susurró, tratando de no hacer ruido:
—¿Qué te pasa? ¿Por qué entras por la ventana?
Orion no respondió. Solo empezó a quitarse el saco mientras se acercaba a la cama.
Sin darle tiempo a reaccionar, se lanzó encima de Samira y la abrazó con fuerza.
—Te extrañé tanto, mi reina —susurró junto a su oído.
No le dio ni un segundo para responder; simplemente la besó con toda la pasión que tenía guardada.
Un beso largo, ardiente, que no dejaba lugar a dudas.
Samira al principio intentó resistirse, empujándolo con las manos, queriendo preguntarle por qué había entrado así, si apenas anoche le había dicho por teléfono que regresaría en unos días.
Pero Orion no le dio opción, la tenía atrapada entre sus brazos, besándola con locura.
Orion sabía cómo encenderla. Sus besos eran puro deseo, haciéndola temblar de pies a cabeza.
A Samira le costó mantenerse firme; poco a poco, dejó de resistirse y terminó entregándose por completo.
Y así, con la pasión a flor de piel, los dos terminaron fundiéndose el uno en el otro, sin importarles nada más en el mundo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...